• Fede Supervielle

¿El mejor barco de guerra del mundo?

En el último artículo tratábamos el nuevo y enorme destructor de la marina china. Como vimos, apenas tiene tecnología revolucionaria, sino que parece ser una versión mayor de los tipo 052D. Lo que más destaca de los nuevos tipo 055 es su enorme arsenal de misiles, que podría alcanzar los 112, algunos de ellos mucho más grandes (y con mayor alcance) que los que acostumbran a portar los barcos de guerra occidentales. A pesar de sus 13.000 toneladas de desplazamiento, los Nanchang tampoco son novedosos en tamaño, pues la US Navy hace ya algunos años que cuenta con «destructores» de 15.000 toneladas.


El tema de la denominación de los barcos ha sido debatido con asiduidad y le dedicamos la primerísima entrada de este blog. Recordemos que los destructores de la segunda guerra mundial rondaban las 1.000 T. Los últimos destructores Arleigh Burke desplazan unas 9.000 T y los cruceros Ticonderoga unas 9.500 T. Por eso puede resultar extraño que estos enormes barcos reciban el nombre de «destructores». Muchos defienden que nuestras F100 deberían denominarse destructores, aunque las FREMM franco-italianas también se consideren fragatas. Parece claro que los barcos de guerra han engordado y, para muestra, la «manía» que algunos le tienen a los BAM porque son muy grandes para lo que hacen. Aquí intenté explicarles que no es así.



Pero volvamos a los Zumwalt. El proyecto DDG-1000 fue denominado el «destructor del siglo XXI» y, con una idea inicial de hacer 32 barcos, parecía que podía constituir la columna vertebral de la flota de superficie estadounidense, pero, por diversas razones, no ha sido así. En estas líneas voy a intentar explicar por qué y desmentir algunos de los mitos que circulan sobre estos barcos. Mis principales fuentes son este artículo que me publicó la Revista General de Marina en 2014, basado en mi trabajo de fin de carrera, y este otro de Naval News, en el que entrevistan al NAVSEA, el departamento de la Navy encargado de los barcos de superficie.

Antecedentes

En 1992, EE.UU. inició un estudio sobre un destructor para el siglo XXI que se denominó SC-21. Recordemos que, por esas fechas, EE.UU. ya tenía Arleigh Burke (un destructor eminentemente antiaéreo) en servicio y seguía teniendo una amplia flota de fragatas antisubmarinas Oliver Hazard Perry operativas, aunque en su último tercio de vida. El relevo de las Perry, que podía haber compartido con España, se había truncado. El objetivo era encontrar un sustituto para los vetustos destructores de la clase Spruance y las Perry. Los requerimientos: poder de proyección, mando y control, vigilancia del espacio aéreo y marítimo, dominio de la zona de combate y defensa de la fuerza.



No obstante, la capacidad que más preocupaba a la marina americana era la de Fuego Naval de Apoyo (FNA). Con la baja de los acorazados clase Iowa se había disminuido considerablemente esta aptitud. Inicialmente se pensó que los destructores Arleigh Burke y los cruceros Ticonderoga podrían cumplir esta misión con sus cañones de calibre medio y misiles de ataque a suelo, pero los Iowa tuvieron que ser activados tres veces después de la Segunda Guerra Mundial, específicamente, para proporcionar FNA. Simplificando, los misiles son más capaces que los disparos de artillería, pero más caros. Los Marines habían hecho un requerimiento de 32 barcos para apoyar los desembarcos con sus montajes.


Para cubrir esta carencia, las primeras propuestas para el SC-21 llegaron a ser de un barco con 500 celdas de lanzamiento vertical de misiles (VLS). El conocido como barco arsenal fue, finalmente, rechazado.



En 1997, se empezó a trabajar en un combatiente litoral (DD-21) que se asemejaba al actual DDG-1000: 16.000 toneladas, considerable capacidad de ataque a tierra, casco invertido, dotación reducida. En el año 2000, se anunció el proyecto CG-21, un crucero de defensa aérea para reemplazar a los Ticonderoga que tendría muchas características en común con los DDG-X.


En 2001, ambos programas fueron cancelados. Entre los motivos se señalaron los costes y la preferencia por una plataforma más pequeña. Algunas fuentes señalan al cambio de gobierno como un factor. Bajo el programa Combatiente de Superficie del Futuro (FSC), los proyectos pasaron a denominarse DD(X) y CG(X). Además, la familia de barcos incluía el Littoral Combat Ship (LCS). Las tres plataformas compartirían tecnologías.


LCS: Littoral Combat Ships clases Freedom e Independence

A priori, conforme a los requerimientos de los Marines, se planeó la construcción de 32 barcos, número que luego se redujo a 24. En 2005, se autorizó un presupuesto de 1.500 millones de dólares; dos tercios solo para el desarrollo de las tecnologías necesarias.


El 31 de julio de 2008, fue un punto de inflexión para el programa. La marina americana aseguró ante el Congreso de EE.UU. que necesitaba adquirir más destructores de la clase Arleigh Burke y que ya no necesitaba los DDG-1000. Según la Navy, las potenciales amenazas habían cambiado de tal forma que los Burke eran una mejor respuesta. Además, quince informes clasificados concluían que los Zumwalt podían ser vulnerables a ataques de misil.


Finalmente, el proyecto se cerró en tres destructores DDG-1000. El primero de la serie ya está en servicio. El segundo, el Michael Monsoor, se prevé que finalice las pruebas en septiembre de 2021. El tercero y último, el Lyndon B. Johnson, estará completamente operativo un año después. Hay que señalar que la superestructura de este último está hecha de acero, en lugar del compuesto de los dos primeros, que los hace más difíciles de detectar al radar. El programa CG(X) ha sido cancelado.


Los DDG-1000 Zumwalt y Michael Monsoor

Según un informe para el Congreso de los Estados Unidos , el coste medio de los destructores clase Zumwalt era de unos 3.200 millones de dólares (2.371 millones de euros). En la entrevista que mencionaba al principio, NAVSEA ahora dice que han sido 3.870 millones de dólares cada uno. Esto no incluye los gastos de investigación, desarrollo y pruebas, que aumentan el coste total del proyecto a 21.214,2 millones de dólares (5.150 millones de euros cada unos de los tres barcos). El coste anual de operación y mantenimiento se estima en 55 millones de dólares (41 millones de euros).

El barco

1. El casco

Probablemente, lo que más llame la atención de los Zumwalt a primera vista sea la forma del casco. El tumblehome hull se había dejado de usar hace más de un siglo (algunos de los últimos ejemplos combatieron en la guerra ruso-japonesa de principios del XX), pero los norteamericanos defienden su viabilidad.


Acorazado ruso Peresvet

En lugar de navegar sobre las olas, la proa de los DDG-1000 está diseñada para atravesarlas. El concepto se demostró con un modelo a escala 1:20, que llegó a ponerse a prueba con estado de la mar 9 («enorme», el último peldaño en la escala Douglas) y vientos huracanados, superando todas las pruebas satisfactoriamente.


Pruebas del casco de los Zumwalt con un modelo escala 1:20

El Zumwalt estuvo en Alaska en marzo de 2019 y, según los testimonios, la proa, efectivamente, atravesaba las grandes olas, disminuyendo la cabezada. Además, se consiguen hacer caídas más pronunciadas sin sacrificar la estabilidad.


La forma del casco, más allá de sus cualidades marineras, está eminentemente diseñada para disminuir la superficie equivalente radar (SER) de los barcos. La SER es la representación matemática (o gráfica) del eco radar que retorna un objeto. A priori, cuanto más grande, mayor es el eco, pero el material y la forma también afectan mucho. Por eso, los Zumwalt están construidos con el tumblehome hull y por eso la superestructura de los dos primeros es de un compuesto rugoso y ligero, parecido a la fibra de vidrio, que «absorbe» las radiaciones radar, retornando menos eco. Se estima que su eco radar puede ser parecido al de un pesquero, que no está nada mal para un bicho de 182 metros de eslora y más de 15.000 toneladas. Para los que estén pensando que ese material aguantará menos en combate, que piensen que unos pocos centímetros de chapa de acero naval tienen poco que hacer contra el impacto de un misil con más de 100 kg de alto explosivo. El blindaje es una cosa del pasado.


La superestructura de los dos primeros Zumwalt está hecha de fibra y madera

2. Las máquinas

Otro de los aspectos relativamente novedosos de los Zumwalt fue su propulsión y planta eléctrica. De forma parecida al Juan Carlos I, cuentan con un sistema de energía integrado (IPS) con un solo juego de turbinas que genera electricidad para mover los motores propulsores y dar servicio al resto del barco. Esta distribución de energía pretende ser más eficiente y permite disminuir el ruido, flexibiliza la localización de la cámara de máquinas y aumenta la capacidad de supervivencia.


Las turbinas de los Zumwalt los convierten en auténticos Rolls-Royce

El sistema está alimentado por dos turbinas de gas MT30 de Rolls-Royce, que generan 36 MW cada una. Basada en una turbina de aeronave (como las LM2500 que montan nuestras fragatas), reduce el gasto en repuestos y el riesgo de desarrollar una máquina nueva. Para ponerlo en contexto, digamos que los Arleigh Burke generan unos 7,5 MW de energía eléctrica, aunque, en su caso, la propulsión es independiente. Aun así, la gran capacidad de generación eléctrica de los DDG-1000 evidencia que se tuvo en mente montarles equipos o armas que requirieran grandes cantidades de energía. Más abajo veremos cuáles.


Para convertir la energía eléctrica en movimiento de sus hélices y dar algo más de treinta nudos, los Zumwalt usan los motores de inducción de Alstom; los mismos que los destructores Tipo 45 de la Royal Navy. Curiosamente, las hélices son de paso fijo, ya que el motor puede ajustarse y dar atrás de manera sencilla. El paso de las hélices es el ángulo con el que cada pala ataca el agua y, en la mayoría de los barcos, es variable; es decir, las palas se mueven hasta el punto en el que la hélice se «invierte» para dar atrás. El eje siempre gira en un mismo sentido.



3. Yo, robot

Los Zumwalt están altamente automatizados. Uno de los sistemas que cuenta con más ayudas a la dotación es el de Seguridad Interior; todo lo relacionado con la lucha contra incendios y contra inundaciones. Así, además de aumentar la capacidad de supervivencia del barco, se puede reducir la dotación. El sistema cuenta con válvulas inteligentes, un sistema de localización de personal, un sistema de ayudas a la decisión, lanzas de agua tele-robóticas, sistema de achique automático, sensores avanzados y numerosos medios fijos de extinción controlables a distancia.


La Seguridad Interior es una de las tareas que más personal requiere

Junto con los sistemas de Seguridad Interior, el puente integrado y la configuración del CIC han permitido reducir el personal de vigilancia en una situación de los 49 de un Arleigh Burke a, tan solo, 18. Este número es impresionante, teniendo en cuenta que nuestros BAM navegan con unas 12 personas permanentemente de guardia. Al parecer, con 16 personas en el CIC y dos en el puente, se puede llevar el barco. Las cámaras de máquinas y otros departamentos como la radio van desatendidos. A pesar de esto, me extrañaría mucho que los estadounidenses naveguen así, ya que, por lo que sé, suelen operar sus barcos con más gente que nosotros. A pesar de ello, se dice que se ha conseguido disminuir el personal dedicado a Seguridad Interior en Zafarrancho de Combate de 119 a 34.


Las automatizaciones también se aplican en maniobras como el aprovisionamiento en la mar, con un motor eléctrico para realizar toda la maniobra y un sistema de infrarrojos para sustituir la clásica línea de distancias (con la ventaja de que mide a lo largo de toda la eslora). Otras ayudas afectan a las operaciones de vuelo o las cargas de víveres.



Los sensores

Seguramente ya sepas que una de mis cruzadas es la de sensores vs. armas. Las segundas son más «sexys», pero los primeros se usan permanentemente (no una vez al año, si eso) y son necesarios para emplear las armas.


El sensor principal de los Zumwalt es el SPY-3; un radar multifunción de barrido electrónico, compuesto por tres antenas y que trabaja en banda X (7-12,5 GHz). Multifunción quiere decir que no solo hace búsqueda, sino también seguimiento de blancos y guiado de misiles. La frecuencia del SPY-3, relativamente alta, se eligió para operar en entornos electromagnéticos saturados (el litoral) y tener mayor precisión. Los radares de búsqueda, para obtener mayores alcances, suelen operar en frecuencias más bajas. Por ejemplo, el radar aéreo de las Perry, el SPS-49, según Wikipedia, trabaja en 851-942 MHz y el SPY-1, a pesar de también ser multifunción y no solo de búsqueda, en banda S (2-4 GHz).


Para complementar el SPY-3, se pensaba instalar el SPY-4, otro radar de apuntamiento electrónico que trabaja en banda S (1,5-5,2 GHz) y que se encargaría de la exploración aérea. Se tuvo que cancelar por los elevados costes del proyecto, aunque los barcos siguen teniendo el hueco para instalarlo.


Los Zumwalt debían llevar una suite de dos radares multifunción, pero solo contarán con uno

Cuando estaba haciendo el trabajo de fin de carrera, me surgió la duda del alcance del SPY-3, y si la pérdida del SPY-4 les mermaría en algo. Tuve la suerte de poder entrevistar al jefe del proyecto DDG-1000, el entonces CN James Downey, y su contestación fue que el SPY-3 era capaz de operar con todas las capacidades los misiles antiaéreos. Eso nos puede dar una idea del alcance del radar. En cuanto a la posible desventaja en la que puedan estar los Zumwalt (porque los aviones enemigos le vean desde fuera del alcance de su radar), se supone que está paliada por su muy reducida SER; los aviones tendrán que entrar en su burbuja de detección para ser capaces de verlo.


Para guerra antisubmarina, los Zumwalt cuentan con el sistema SQQ-90, que engloba los sonares de casco SQS-60 (activo/pasivo de frecuencia media, para submarinos y torpedos), SQS-61 (activo de alta frecuencia, para detectar minas) y SQR-20 (remolcado activo/pasivo). Para no ser una guerra a la que se vayan a dedicar prioritariamente, los DDG-1000 parecen estar muy preparados.


Las armas

Vamos con lo sexy. El arsenal de misiles de los Zumwalt es el de cualquier otro «combattant» americano: SM-2, SM-3 (lo puede lanzar, pero no tiene sensor para detectar sus blancos, los misiles balísticos), SM-6, ESSM, Tomahawk y VLA (ASROC). La diferencia radica en que sus ochenta celdas están repartidas por todo el barco, para aumentar la capacidad de supervivencia.


En lo que realmente pretendían destacar los Zumwalt era en su artillería. Con la idea en mente de apoyar desembarcos anfibios y lo caros que son los misiles, se quiso desarrollar un montaje capaz de batir blancos a gran distancia, con mucha precisión, y una respetable cadencia de fuego. Aunque muchos asocian los DDG-1000 al railgun, la realidad es que el cañón electromagnético no fue el arma elegida. Los Zumwalt montan dos AGS (Advanced Gun System), albergados en sendas estructuras que ayudan a disminuir su superficie equivalente radar. De hecho, habría que ver si los Zumwalt, a pesar de su gran capacidad de generación eléctrica, serían capaces de alimentar un railgun, ya que el AGS «solo» requiere 800 kW para funcionar.


El Advanced Gun System (AGS) de los Zumwalt se oculta en una casamata para reducir el eco radar

Los AGS tienen un calibre de 155 mm (el Mk-45 de los Burke y las Bazán tiene 127 mm) y pretendían disparar LRLAP (Long Range Land Attack Projectile), unos proyectiles guiados por GPS y propulsados, en parte, por un cohete, con un peso de nada menos que 102 kg. Con esta munición se alcanzan hasta 80 millas, toda una revolución (triplica, fácilmente, los alcances de otros montajes) y se pueden desviar los disparos para que hasta seis de ellos impacten simultáneamente en el mismo blanco. Solo tiene un problema: la «revolución» cuesta 800.000 $ por disparo, así que eso de conseguir que sean más baratos que los misiles, apenas se ha logrado. Curiosamente, el LRLAP tenía otro problema: no se podía utilizar contra blancos móviles (barcos), aunque se pretendía desarrollar la capacidad en un futuro.


Para complicar aún más el asunto, los AGS no son compatibles con los proyectiles estándar OTAN de 155 mm (por el rayado del ánima), que podrían haber sido una alternativa, aun sin el alcance y la precisión deseadas. Los AGS tienen una cadencia de fuego de diez disparos por minuto y una capacidad de hasta 300 disparos en el sistema de carga. La marina norteamericana está valorando varias opciones para obtener munición para los AGS, entre las que se incluye la Vulcano de BAE, la Excalibur de Raytheon y la Orbital de ATK. Hay rumores, basados en un requerimiento de un comité del Comité de las Fuerzas Armadas, de que se podrían quitar los AGS para instalar celdas más grandes que puedan albergar misiles hipersónicos que está desarrollando el ejército estadounidense, pero, hasta ahora, esto se ha desmentido desde organismos oficiales (el quitar los AGS; lo de los misiles parece que sí es cierto). Es más, la US Navy ha cambiado oficialmente la misión principal de los Zumwalt: han dejado de ser barcos eminentemente diseñados para el ataque a tierra para pasar a ser combatientes de superficie; es decir, se pretende usarlos para enfrentarse a otros barcos, contra los que, se supone, estará en superioridad.


Contra blancos cercanos y pequeños, los Zumwalt confían en los montajes Mk-46, basados en el Bushmaster II de 30 mm. Podemos compararlos con las Arpecas Mk-38, basadas en el Bushmaster de 25 mm, que montan nuestros BAM y la Cristóbal Colón y, al igual que estos, cuenta con cámara TV e IR y láser para medir distancias.

El Mk-46 de 30 mm también se monta en los LPD y LCS

Entonces, ¿son el mejor barco de guerra del mundo?

Pues, como siempre digo, depende. Depende para qué. Evidentemente, viendo el número final de barcos construidos, está claro que la Navy no ha encontrado lo que buscaba. Han salido demasiado caros y piensan que tienen otros medios para cumplir las misiones que tenía que desarrollar el Zumwalt; eminentemente, misiles y aeronaves de ataque a tierra. No olvidemos que, en la cultura de la US Navy, el puño de lanza ofensivo son los submarinos y los grandes portaaviones. Aun con un proyecto viable económicamente, se me antoja difícil el cambio de mentalidad necesario para devolver a los «surfetas» la preponderancia de la que disfrutaban con los grandes acorazados.



Para intentar responder a la pregunta del epígrafe, comparémoslos con los Arleigh Burke, que parece que, al menos por ahora, ostentarán el título de «destructor del siglo XXI», con permiso de los chinos.


Los Arleigh Burke son superiores en capacidad de misiles (90 celdas frente a 80) y, paradójicamente, en artillería, mientras que los Zumwalt no tengan munición para el AGS. Los Burke también son superiores en capacidad de búsqueda aérea, con el radar multifunción SPY-1, frente al limitado en alcance SPY-3. Sin embargo, el SPY-3 debería funcionar mejor en distancias cortas y entornos electromagnéticos saturados, aunque, por supuesto, esto no son más que suposiciones. Y esta ventaja quedaría paliada con la instalación del SPY-6 en los Burke Flight III (y el retrofit en otras unidades anteriores). Estos últimos también tienen la ventaja de costar menos de la mitad que un Zumwalt. Los Arleigh Burke, además, parecen mejor dotados para la defensa antimisil, con los CIWS Phalanx. Por último, y quizás más importante, los Arleigh Burke se llevan operando desde 1991, y son un activo más que fiable y testado.


Los Arleigh Burke flight III montarán el radar SPY-6

Hay muchas cosas en las que podríamos considerar parejos ambos barcos. Ya hablamos de los misiles que pueden portar, pero también podríamos incluir la capacidad de guerra electrónica (de la que se sabe poco, como es lógico, pero no parece que los Zumwalt destaquen, pues no se ha presumido de ello), la capacidad de guerra antisubmarina (los avances en los Zumwalt también estarán en los Burke Flight III) o la velocidad (un poco por encima o alrededor de 30 nudos).


A favor de los Zumwalt tenemos que citar su capacidad de supervivencia, tanto por las celdas de misiles repartidas por el barco como por los sistemas automáticos de lucha contra incidencios. Aunque es algo difícil de cuantificar, yo apostaría por los DDG-1000 en este aspecto, que además cuentan con la ventaja de un mayor desplazamiento. También tienen mayor capacidad de operar con aeronaves (un helicóptero y un dron), además de un hangar que muchos Burke ya no tienen. La playa de popa para dar y recoger embarcaciones es mejor método que las tradicionales grúas de los Arleigh Burke, aunque no se antoja algo fundamental en barcos que no están orientados a misiones de seguridad marítima. También hemos visto que los Zumwalt son muy superiores en capacidad de generación eléctrica, algo que puede resultar fundamental si se desarrollan sistemas o equipos que las requieran. No olvidemos que la vida útil de los barcos suele rondar los cuarenta años y, de toda un clase, puede ser muy superior.


Los Zuumwalt cuentan con una playa en popa para dar y recoger embarcaciones

Entonces, ¿quién ganaría? Pues dependería de mil millones de cosas y, si los enfrentásemos cien veces, podríamos obtener cien resultados distintos. Para el combate que se esperaría hacer, de misiles más allá del horizonte, los Burke parecen estar más preparados, pero los Zumwalt tienen la ventaja de ser más difíciles de detectar y, probablemente, más capacidad de supervivencia.


Al final, cada barco tiene su función y está diseñado para un cometido. Los Burke son eminentemente antiaéreos. Hay versiones para escoltar portaaviones, que suelen tener hangar para poder aportar en la guerra antisubmarina, y versiones BMD, que prescinden de él. Los Zumwalt se diseñaron para un cometido y ahora se quieren adaptar a otro; veremos si tienen un papel en la letalidad distribuida que la US Navy quiere implantar. Podrían encabezar los Surface Action Groups de los que se habla: sin necesidad de proteger a una unidad valiosa, su capacidad antiaérea es más que suficiente y, trabajando con un par de Arleigh Burke o de las futuras FFG-X, serían una fuerza a tener muy en cuenta.


Las FFG-X buscan ser un combatiente de superficie relativamente barato para complementar a los destructores

En definitiva, no creo que debamos descartar tan rápido los beneficios de este proyecto. Muchas de las tecnologías desarrolladas o mejoradas se aplicarán en otros barcos (algunas ya se están aplicando en los Burke Flight III o en los portaaviones Ford) y, sobre todo si se soluciona el asunto de la munición, EE.UU. tendrá la capacidad de construir estos monstruos. Ahora no le hacen falta, pero si llega el momento, será más fácil desempolvar los planos que diseñarlo de cero. Evidentemente, esto no justifica el enorme gasto en que se ha incurrido, pero es algo a tener en cuenta. Es muy posible que los tres Zumwalt se conviertan en una especie de plataformas de pruebas y que, con esas lecciones aprendidas, se desarrollen futuros proyectos.

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Bibliografía:

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© 2020 de Federico Supervielle Bergés

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