• Fede Supervielle

Malvinas, ¿qué se pudo hacer mejor?

Actualizado: may 24

La Guerra de las Malvinas es el último conflicto abierto entre dos Estados con capacidades similares. En un mundo en el que todo indica que volvemos al Great Power Competition o competición entre grandes potencias, es interesante echar la vista atrás a este enfrentamiento entre el Reino Unido de Thatcher y la Argentina de la Junta.


Sobre la Guerra de las Malvinas, precisamente por eso de que es el último conflicto convencional, se ha escrito bastante. Hoy voy a intentar destacar las cosillas que podrían haber cambiado el resultado. Cosas que Reino Unido podría haber hecho mejor para tener menos bajas y vencer antes, y cosas que podría haber hecho Argentina para… quién sabe, ¿ganar la guerra?


El conflicto

La guerra de las Malvinas —o Falklands para los anglófonos— fue una breve guerra no declarada entre Argentina y Reino Unido en 1982. La pelea era el control del archipiélago de Malvinas, que llevaba bajo dominio de los británicos desde 1833 y que era una sempiterna reclamación argentina. Apretada por una situación de política interior adversa, la Junta militar que gobernaba Argentina invadió las islas para intentar unir a la población en fervor patriótico contra el enemigo. Acantonaron allí a 10.000 hombres, aunque se trataba en su mayoría de conscriptos con poca formación y peor equipamiento. Vamos a ir viendo que las fuerzas argentinas dependieron mucho de sus bases continentales, especialmente en Río Gallegos.


Reino Unido, bajo el liderazgo de Margaret Thatcher, mandó a la zona una fuerza naval encabezada por dos portaaviones y acompañada de cruceros de pasajeros incorporados al servicio para transportar tropas.


Sir Henry Leach, Admiral of the Fleet en el '82

Los primeros embates incluyeron la recuperación de las Georgias del Sur, que también habían sido invadidas por Argentina, y el hundimiento por un submarino nuclear británico del crucero General Belgrano. Desde ese momento, los barcos argentinos, —con razón— se quedaron amarraditos en puerto, a excepción de su único submarino moderno, que amenazó constantemente a los barcos de Albión hasta el punto de que se realizaron muchísimos lanzamientos de torpedos contra blancos falsos.


La punta de lanza argentina fueron sus cazabombarderos que, a pesar de su obsolescencia, pocos medios y de operar al límite de su alcance, lograron grandes triunfos, entre los que destaca el hundimiento del destructor Sheffield.


Hundimiento del Belgrano

En las islas, los argentinos centraron su defensa en la capital, Puerto Stanley, pero los británicos desembarcaron al otro lado, en Puerto San Carlos. Con una sencilla maniobra de distracción el asalto anfibio se llevó a cabo sin trabas, aunque los defensores se reposicionaron a toda velocidad y los británicos tuvieron que luchar duramente para progresar hacia el sur. Tras varios días de combates, las tropas de Reino Unido lograron cercar la capital y, poco después, los defensores se rindieron. Así terminaba la última operación anfibia entre oponentes de capacidades similares que ha habido hasta hoy.


¿Dónde metieron la pata los de Albión?

La logística fue uno de los primeros aspectos en los que los británicos podrían haber hecho hincapié para reducir el número de bajas. A pesar del gran logro que fue preparar una fuerza de gran entidad en tres días (¿cuántos países crees que serían capaces de hacerlo ahora?), los barcos de transporte no estaban preparados para su misión. Se dio el caso de que muchos no podían bajar el material hasta las barcazas de desembarco. De haber contado con suficientes buques anfibios, los británicos se habrían ahorrado muchas muertes. Esto, unido a que los argentinos controlaron —o, al menos, disputaron— el espacio aéreo, negando la posibilidad de hacer desembarcos helitransportados, supuso una enorme lacra en la conducción de las operaciones para los asaltantes.


El Atlantic Conveyor

Quizás el aspecto que más vidas británicas habría salvado fue una mejor defensa antiaérea. La fuerza aérea y la fuerza aeronaval argentinas operaban desde el continente, al límite de su alcance y con medios que no eran tecnológicamente punteros. Pero los barcos británicos tenían una defensa antiaérea muy deficiente que resultó en el hundimiento de dos destructores, dos fragatas y dos transportes y en daños a otros muchos. Los medios aire-aire tampoco estuvieron a la altura, limitándose a los Harrier embarcados, un avión diseñado para el ataque a suelo y que, por armamento, sensores, maniobrabilidad y alcance, poco podía hacer en ese escenario. Con las lecciones aprendidas de los sufrimientos argentinos se acabaron extendiendo en todas las marinas del mundo los radares de array planos, con un refresco mucho más rápido, y los misiles lanzados desde celdas verticales, que se pueden disparar mucho más seguidos. Sus máximos exponentes son el sistema AEGIS basado en la conjunción de los radares SPY con los misiles de la familia Standard (sí, los de nuestras F-100, entre otros).



Como hemos dicho, el no contar con la superioridad aérea impidió a los británicos apoyar adecuadamente el desembarco, pero también supuso que las tropas sufrieran muchas bajas que se podrían haber evitado por la falta de alerta temprana sobre los ataques aéreos del enemigo. Esto se podría haber solucionado con aeronaves embarcadas de mayor capacidad. Además de que los barcos no pudieran apoyar a las tropas, los ataques aéreos argentinos provocaron que el desembarco se tuviera que ralentizar enormemente para limitar el número de barcos que quedaban expuestos a los ataques. Es decir, solo acercaban a la costa a los que estaban desembarcando, teniendo que esperar a que cada uno acabara para dar paso al siguiente. Otro impacto directo de la falta de defensa antiaérea sobre la logística fue la pérdida del Atlantic Conveyor que llevaba, entre otro material, el grueso de los helicópteros de desembarco británicos. Con el golpe, los de Reino Unido perdieron una buena parte de su flexibilidad logística. Todo esto se habría evitado con una buena cobertura aérea.


En un plano más estratégico-político, los recortes realizados por el gobierno británico en los años anteriores al conflicto fueron un grave error. No solo por disminuir el presupuesto de Defensa, sino por hacerlo principalmente en la Royal Navy, el único de los tres ejércitos con una verdadera capacidad expedicionaria y que, lógicamente, era el único que podía actuar en escenarios como el de Malvinas.


¿Y dónde se equivocaron nuestros «primos gallegos»?

Del lado argentino, desde luego no descartar San Carlos como un lugar posible para el desembarco les habría hecho plantearse defender esta playa, dificultando la operación británica en su momento más delicado: el propio desembarco. Y para eso también les habría valido contar con medios que mantuvieran una vigilancia sobre la fuerza naval enemiga para disponer de alerta temprana. Esto se podría haber hecho con medios aéreos, aunque estaba muy limitados por operar desde el continente, pero también con su submarino. El empleo de medios fue deficiente, en parte, por el estilo de mando argentino. Te lo cuento más abajo.


Los argentinos hicieron un uso soberbio de sus medios aéreos, pero no llegaron a repeler el ataque a pesar de quedarse muy cerca. Quizás una sola pasada más sobre la playa podría haber dado al traste con el plan inglés. La idea inicial británica había sido mantener su tren logístico en la mar, pero los constantes ataques argentinos lo ponían en peligro, así que lo desembarcaron. Tres Skyhawk provocaron un incendio en la zona logística de las tropas desembarcadas. Si después de ese primer golpe en la bahía de Ajax los argentinos hubiesen logrado un segundo, quizás el desembarco no habría podido continuar. Este segundo golpe también se podría haber dado por tierra si el comandante argentino se hubiese dado cuenta de lo que significaba la ralentización británica. Pero, de la mano de esto…


En contrapunto al magnífico desempeño de los pilotos argentinos, sus soldados no estuvieron a la altura. Las tropas enviadas a Malvinas estaban lejos de ser de lo mejor en el ejército del país sudamericano. Las unidades de élite se habían dejado en el continente por miedo a un movimiento de Chile, enemigo tradicional de Argentina con el que tenía una disputa por islas en el Canal de Beagle. Las bisoñas tropas argentinas en Malvinas fueron derrotadas con cierta facilidad por los bien adiestrados y equipados Royal Marines. Una fuerza mejor preparada podría haber permitido a los argentinos resistir.



Ahora una cosilla puramente técnica: por falta de conocimientos, las bombas que lanzaban los aviones argentinos (fabricadas años antes por EE.UU.) no estaban preparadas para ser soltadas a tan baja altura, provocando que muchas de ellas no explotaran. ¡Los argentinos no tenían los manuales! Increíble pero cierto.



A pesar del buen hacer de los pilotos argentinos, probablemente, si se hubiesen centrado en los transportes en lugar de en los buques de guerra, podrían haber impedido el desembarco. Esto se conoce como el centro de gravedad del enemigo. Los barcos de guerra eran blancos más ostentosos, pero sin el material y las tropas que portaban los mercantes el desembarco era inviable. Valga como ejemplo los estragos que causó el hundimiento del Atlantic Conveyor. O, simplificando aun más, si la misión de los destructores y fragatas era defender a los transportes… por algo sería, ¿no?


He dicho arriba lo del estilo de mando. Básicamente, los argentinos tenían mandos independientes para la Armada, la Fuerza Aérea y el Ejército. Sus unidades trabajaron de forma separada, sin que se les pudiera dar el apelativo de fuerza «conjunta». Cualquiera que le guste la historia militar sabe que es fundamental tener un único comandante y una cadena de mando bien definida. Así podrían haber priorizado objetivos y coordinado ataques y contraataques de forma más eficaz, en lugar de la lucha casi individual —valerosa pero ineficiente— de cada servicio contra el inglés.


Por último, un aspecto muy concreto que podría haber salvado muchas vidas fue la guerra antisubmarina. La mayoría de las vidas perdidas por parte argentina fueron en el hundimiento del Belgrano. Una adecuada mentalización y doctrina antisubmarina podrían haber evitado el desastre. O, en el peor de los casos, haber sacado a los barcos de la zona de riesgo para evitar esa situación. Y es que la simple presencia de un submarino cambia por completo un teatro de operaciones. En su día os lancé la pregunta de si los submarinos son invencibles… ¿Qué creéis? Este es un tema que vuelve a estar en boga y por eso España, sabiamente, va a dotar a sus nuevas fragatas con el que quizás sea el mejor sonar del mundo.


Y, por eso, el siguiente artículo del blog va a ser un detalladísimo estudio de los mejores submarinos convencionales del mundo. Y dentro de no mucho hablaremos de una de las heroicas pero poco conocidas actuaciones de la fuerza de operaciones especiales de la Armada. Si no quieres perdértelo, pincha aquí.



¡Un saludo, dotación!



Bibliografía

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© 2020 de Federico Supervielle Bergés

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