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Midway: batalla entre portaaviones que perdió el acorazado

En el último artículo hablábamos de los Zumwalt, los enormes destructores estadounidenses en los que algunos, junto con la doctrina de la letalidad distribuida, han querido ver la vuelta a la preponderancia de los buques de superficie sobre los portaaviones. Pero ¿desde cuándo es el portaaviones el buque principal?


Considerada por casi todos la batalla más representativa del poder de los portaaviones, Midway es una de las más tratadas de la historia. El hecho de que fuera trascendental en la guerra entre EE.UU. y Japón, por supuesto, también tiene mucho que ver. Además de todo lo que hay escrito sobre Midway, hay muchísimo material en otros formatos, como el soberbio episodio 194 de Histocast. Teniendo todo esto en cuenta, pensaba que no aportaría mucho lo que yo pudiera decir aquí pero, tras tratar el tema recientemente en el máster que estoy estudiando, no me he podido resistir a compartirlo con vosotros. Además, ya tocaba una entrada histórica.

¿A qué jugamos?

Al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, la aviación embarcada era un complemento para los barcos de guerra: se solía incluir un portaaviones en las escuadras de batalla para dar apoyo a los barcos, sobre todo en búsqueda y reconocimiento, y muchos cruceros y acorazados tenían aviones o hidroaviones propios para estas mismas tareas. Pero ya los primeros años del conflicto dieron algunas pistas: el avión tenía mucho que decir en la guerra naval.


Muchos acorazados y cruceros de la Segunda Guerra Mundial contaban con hidroaviones para tareas de exploración

A finales de 1940, vetustos torpederos Swordfish hundieron en el puerto de Tarento un acorazado y un crucero pesado, dañando otros dos acorazados. Meses después, la batalla del cabo Matapán se decantó del lado británico, además de por el radar y el adiestramiento en el combate nocturno, por el uso agresivo (no solo para reconocimiento) de los aparatos del portaaviones Formidable: Fairey Swordfish y Fairey Albacore. Para estos dos, imperdible el libro de El Mediterráneo en la Segunda Guerra Mundial de Esteban Pérez Bolívar. En mayo de ese mismo año, los daños infligidos al Bismarck desde el aire permitieron que unidades de superficie lo remataran y, en diciembre, dos punteros barcos de guerra británicos, el Repulse y el Prince of Wales, fueron hundidos por aviones japoneses en Singapur (otro episodio que ha tratado Esteban, en este caso, en formato podcast). Pese a los escépticos, había quedado demostrado que los aviones podían hundir a los todopoderosos buques acorazados.


Con las lecciones del raid de Tarento, la marina imperial japonesa preparó el ataque sobre Pearl Harbor que diezmó a la US Navy. Aviones lanzados desde barcos hundiendo acorazados. Fue, precisamente, cuando los norteamericanos se recuperaron, cuando se enfrentaron de nuevo a los nipones en lo que sería el prolegómeno de Midway: en mayo de 1942, en la batalla del mar de Coral, tuvo lugar el primer enfrentamiento naval de la historia en el que los barcos de ambos bandos no se avistaron. Aunque técnicamente fue un empate (un portaaviones estadounidense por un portaaviones ligero japonés), para los aliados fue un subidón de moral, después de meses de derrotas. Además, aprendieron algunas cosas que aplicarían, un mes después, en Midway.


El ataque a Pearl Harbor fue una de las primeras demostraciones del poderío aeronaval

Midway, que, literalmente, significa «mitad de camino», se encuentra entre Hawái y Japón, y los americanos habían establecido allí una base aérea casi tan grande como la de Oahu. Yamamoto, almirante de la flota japonesa, quería ocuparla para reducir las posibilidades de incursiones de grupos de combate norteamericanos en bases niponas. También pretendía obligarles a una batalla decisiva, en la que la marina imperial tendría la oportunidad de derrotar a la US Navy. Pero, además, el archiconocido raid de Doolittle sobre Tokyo había encendido los ánimos en Japón y había puesto en entredicho la capacidad de la marina imperial de proteger los mares circundantes. El bombardeo americano acabó con las discusiones que vamos a ver más abajo, en las que el Estado Mayor de la marina le estaba poniendo pegas al plan de la flota para tomar Midway. Japón tenía que hacer algo al respecto y la respuesta elegida fue Midway, con un ataque sobre las Aleutianas como diversión.


El raid de Doolittle tuvo escasa trascendencia táctica, pero una enorme repercusión estratégica

La tradición samurái y el convencimiento de que el espíritu innato de su pueblo superaría a cualquier enemigo, además de que el destino de la nación era ser la primera del mundo, generaron un clima de superioridad en Japón, agravado por las victorias en los meses posteriores al ataque a Pearl Harbor. Aunque es posible que grandes estrategas como Yamamoto no estuvieran tan afectados por estas cuestiones, sí que estaban convencidos de que llevarían la iniciativa en la operación, algo que, como veremos, estuvo lejos de ser cierto. Los japoneses asumían que la flota norteamericana se haría a la mar como respuesta a la conquista de Midway, y no al revés. La posibilidad de que los portaaviones norteamericanos estuvieran esperando a la flota japonesa en la mar se planteó durante los juegos de guerra que se hicieron en el Yamato del 1 al 4 de mayo, pero se descartó por completo.

El tablero…

El almirante Yamamoto, con el Lexington hundido y el Yorktown fuera de combate, pensaba que tenía mejores cartas que Nimitz, pero los norteamericanos repararon al Yorktown en tiempo récord, mientras que los nipones no pudieron contar con los dañados Shokaku y Zuikaku. Yamamoto, en la Escuadra de batalla o 1ª Flota, tenía al portaaviones Hosho, tres acorazados y un crucero. La Escuadra de portaaviones de ataque del vicealmirante Nagumo tenía dos acorazados, cuatro portaaviones y dos cruceros. La fuerza de invasión o 2ª Flota, al mando del vicealmirante Kondo, contaba con dos acorazados y seis cruceros. A esto había que añadir los diez submarinos desplegados en Midway. Para la operación simultánea en las Aleutianas, los nipones contaban con dos portaaviones, cuatro acorazados y varios cruceros. Parte de estas fuerzas debían bombardear las Aleutianas el día 3 de junio y luego unirse al resto, pero veremos que esto nunca ocurrió.


La flota japonesa en la Segunda Guerra Mundial no merecía otro calificativo que «impresionante»

Los portaaviones dedicados a Midway, además, tenían un calendario bastante apretado: tenían que tomar la isla el primer día, para luego posicionarse para el combate contra la flota norteamericana. De hecho, el apoyo aéreo para el desembarco no lo proporcionarían los portaaviones, que pasarían a enfrentarse a sus contrapartes estadounidenses, sino los cazas Rufe; hidroaviones que operarían desde Kure, una isla a 60 millas que tomarían el día antes del desembarco. Realmente, podría considerarse Midway en sí como una diversión, pues el grueso de las fuerzas, incluyendo los poderosos acorazados en los que iría embarcado Yamamoto, esperarían a 500 millas de la isla para enfrentarse a los norteamericanos.


El plan de Yamamoto no era del gusto de todos en Tokio. El ejército, el servicio más antiguo, consideraba que la prioridad era Manchuria y la amenaza de la URSS. Incluso, dentro de la propia marina, el Estado Mayor se opuso, a menudo, a las propuestas de la flota, a las órdenes de Yamamoto. Pero el almirante tenía una personalidad arrolladora y el suficiente reconocimiento como para que, tras amenazar con dimitir si sus planes no eran aceptados, Nagano, el jefe de Estado Mayor, le diera el visto bueno. Incluso llegó a haber planes de realizar una invasión de Ceylán o de Australia, pero el ejército no estaba dispuesto a ceder las divisiones de infantería necesarias. Hawái fue descartado por las mismas razones.


Yamamoto, almirante de la flota japonesa

Yamamoto parecía ser un hombre sabio, pues su intención, tras tomar Midway, era usar su influencia y prestigio para negociar con los aliados desde una posición de fuerza. Era consciente del poder latente de EE.UU. y de que Japón no podía salir victorioso de una guerra larga. También se le puede considerar visionario en otro asunto: a pesar de que enarbolaba su insignia en el descomunal Yamato, Yamamoto era sabedor de la importancia que habían adquirido los portaaviones. En palabras de un oficial de su Estado Mayor: «el éxito o fracaso de nuestra estrategia en el Pacífico está determinado por el hecho de que consigamos o no destruir la flota de EE.UU., especialmente sus portaaviones».


A pesar de todo, el histórico cambio aún encontró algunas reticencias en el almirante japonés, que planeó que la destrucción de lo barcos de guerra americanos sería no por los portaaviones de Nagumo, sino por los montajes de 18 pulgadas de su acorazado. Parece que, en parte, seguía considerando a los portaaviones un complemento de los battleships (buques de batalla, en inglés).


Los yanquis no pudieron desplegar acorazados, y tan solo tres portaaviones, junto con trece cruceros en misión de escolta antiaérea. La falta de medios hizo que solicitaran el apoyo de uno de los portaaviones británicos del Índico, pero estos se negaron, aludiendo que no tenían constancia de que fuese a haber operaciones de entidad en el Pacífico. La ventaja estadounidense radicaba en poder operar aviones basados en tierra. Midway iba a ser la cuarta cubierta. La tercera fue el Yorktown que, milagrosamente, estuvo listo en tan solo unos días, cuando el tiempo estimado de reparación inicial era de nada menos que tres meses. Durante las veinticuatro horas del día, un total de 1.400 hombres trabajaron en las entrañas del herido portaaviones. El Yorktown se hizo a la mar el 29 de mayo, con un ala aérea embarcada compuesta por escuadrones de otros tres portaaviones, pero solo un día después que el Hornet y el Enterpise.


Las reparaciones en el Yorktown tras mar de Coral fueron milagrosas
Almirante Nimitz

Además, los servicios de inteligencia norteamericanos dieron al almirante Nimitz, desde el día 10 de mayo, una idea muy clara de la composición e intenciones de la fuerza nipona. Y, aun así, Nimitz tuvo que enfrentarse a otros altos cargos que pensaban que el ataque sería otra vez sobre Pearl o, incluso, sobre California. A partir del 24 de mayo, el jefe de las fuerzas del Pacífico tuvo la certeza de que los nipones iban a Midway. Nimitz ejerció el mando desde Hawái, con el contralmirante Fletcher, al mando del grupo de combate del Yorktown, como jefe táctico de la fuerza, que incluía también al grupo de combate del Enterprise y el Hornet, al mando de Spruance. Spruance no era aviador, pero Halsey, que había mandado la agrupación antes que él y no pudo asistir por su mal estado de salud (dermatitis general), le recomendó ante Nimitz.


En las películas (y en los libros) siempre se intenta «personificar» al malo… o al bueno. Los méritos de la inteligencia norteamericana se han asignado al capitán de corbeta Joseph Rochefort, jefe de Hypo, la Oficina de Inteligencia de Combate de la Marina en Hawái. Los estadounidenses fueron capaces de descifrar parcialmente el código de la marina imperial, el JN25, y podían leer fragmentos de los mensajes. A pesar de que Rochefort siempre defendió que el ataque sería en Midway, el no poder leer los mensajes completos dio lugar a esas dudas en otros jefazos. Nimitz confiaba en él por su acierto al predecir la operación nipona sobre Port Moresby en abril. Tanto fue así, que el almirante llegó a visitar Midway el dos de mayo y se reforzó la base para resistir un asalto anfibio.


La confirmación definitiva llegó de manos de una argucia de Rochefort. Necesitado de confirmar que la señal japonesa «AF» correspondía a Midway, Rochefort ordenó transmitir un mensaje sin cifrar desde la isla, informando de la falta de agua. Tan solo dos días después, interceptaron un mensaje japonés informando de que AF tenía escasez de agua.

… y las piezas


La superioridad tecnológica nipona se ejemplificaba en el caza aeronaval Mitsubishi A6M2 Zero. Ligero y muy maniobrable, tenía un buen radio de acción y mucha potencia de fuego. En manos de sus muy adiestrados pilotos, logró la superioridad aérea en todos los enfrentamientos que tuvo con los aliados, permitiendo a los torpederos y bombarderos japoneses actuar con casi total inmunidad. El Zero, impulsado por un motor de 925 caballos, era capaz de alcanzar los 316 nudos y tenía una autonomía de hasta 1.940 millas. Su armamento principal eran dos cañones de 20 mm, junto con otros dos de 7,7 mm.



El bombardero japonés era el Aichi D3A1, conocido como Val por los americanos. Aunque era un aparato muy grande y, aparentemente, poco maniobrable, había conseguido un 80% de acierto en sus bombardeos en picado contra los británicos esa primavera.


El torpedero nipón era el Nakajima B5N2 Kate, el mejor del mundo y protagonista de Pearl Harbor. A pesar de sus muy buenas prestaciones, que permitieron que se usara también como bombardero contra Midway, no dejaba de ser vulnerable al atacar bajo y ser tan grande.


Pero los sistemas de armas no funcionan solos, ni siquiera hoy en día. Los japoneses habían empezado el conflicto con unos 5.000 pilotos, pero el continuo empleo de los portaaviones había reducido ese número. Además, la política de mantener a los más experimentados en puestos operativos hacía que el número de estos fuese decreciendo por las inevitables bajas. Y los novatos no tenían a nadie que les enseñara adecuadamente, llegando a la flota con mucho por aprender. Ya en el mar de Coral, Nagumo se quejó de los pilotos sustitutos que había recibido.


Por el lado norteamericano, el principal caza era el F4F-4 Wildcat. Inferior al Zero, sus pilotos habían aprendido, a base de sangre, algunas tácticas para enfrentarse a un enemigo mucho más maniobrable: la idea era picar sobre los Zero y machacar su ligera célula con las seis ametralladoras de 12,7 mm de los Wildcat. Los aviones estadounidenses, más robustos y con tanques autosellantes, podían aguantar daños que habrían derribado a un Zero. El Wildcat usaba un motor de 1.200 caballos para propulsarse, una velocidad muy parecida al Zero (318 nudos), lo que da una idea de su superior peso. El alcance era mucho más limitado: 900 millas.


Una vez más, la historia nos enseña que la técnica no lo es todo y, en este caso, fue otro capitán de corbeta, Jimmy Thach, el encargado de la demostración. En verano de 1941, con su escuadrón haciendo la conversión del Buffalo al Wildcat, Thach supo de las extraordinarias capacidades del Zero a través de los pilotos voluntarios del Flying Tigers que estaban volando en China. Para contrarrestar la superioridad del caza nipón, el capitán de corbeta Thach ideó lo que pasó a denominarse el Thach Weave o trenzado de Thach. Con los aviones volando en dos secciones de dos, separados una distancia igual a su radio de giro, cada sección se encargaba de vigilar la cola de la otra. Si el enemigo atacaba, tenía que elegir una de las dos secciones.

Thach Weave (The Av Geeks)

En ese momento, estas caían la una hacia la otra, haciendo que la otra sección pudiera atacar al Zero que se había pegado «a las seis» de sus compañeros. Si el piloto japonés aguantaba, sería blanco de un ataque de frente por parte de la sección libre, y de más ataques si el primero no era efectivo, pues los Wildcat seguirían trenzando hasta quitárselo de encima. Si el nipón se daba la vuelta, pasaría a tener en su cola a la sección que se cruzaba. Esto también funcionaba solo con una sola sección de dos aviones, si se trenzaban entre sí.


En Midway, Thach, liderando dos secciones de Wildcat, se las vería con los Zero, derribando tres a cambio de una sola pérdida.



El bombardero en picado norteamericano era el Douglas SBD Dauntless que, aunque considerado obsoleto, demostró estar perfectamente a la altura. Realizaba picados a 80 grados, perfectamente estable y respondiendo son suavidad a los controles, para lanzar sus 1.000 kg de bombas. Su sobrenombre era helldivers.



El TBD-1 Devastator, un avión diseñado en 1934, fue el torpedero norteamericano en Midway. Además de ser un avión lento y con poca capacidad de trepada, iba armado con los poco fiables Mk-13, que resultaron ser un estrepitoso fracaso.


En Midway, los Marines tenían aviones aún más obsoletos: cazas Brewster F2A-3 Buffalo (conocidos como «ataúdes volantes») y bombarderos en picado Vought SB2U-3 Vindicator (conocidos como «vibradores», solían perder la tela que cubría las alas). Los pocos aparatos nuevos con los que contaban estaban operados por pilotos que apenas tenían experiencia en ellos, anulando las potenciales ventajas que pudieran tener. El ejército también reforzó la isla con diecinueve Flying Fortresses (B-17) de los que se esperaba mucho. Pero, como veremos, no eran el aparato más indicado para la misión.


Curiosamente, los aviones más importantes en el «cuarto portaaviones» de Nimitz eran los menos «atractivos». Los hidroaviones de reconocimiento PBY-5 y PBY-5A tenían la misión de encontrar a las fuerzas japonesas barriendo un arco hasta 700 millas de Midway, desde el NNE al SSW. Hablamos de ellos en la entrada de aeronaves antisubmarinas.


Comienza la partida

El 3 de junio, tuvo lugar el primer contacto entre ambas fuerzas; dos días antes de lo que esperaban los japoneses, que se habían marcado como día para la invasión el 7 y pretendían empezar las operaciones sobre Midway el 5. Esta vez no iban a contar con la sorpresa de Pearl; más bien lo contrario. Los nipones tenían ciertos indicios de la presencia norteamericana, pero el silencio radio impuesto por Yamamoto y la suposición de que el Akagi, el buque insignia de Nagumo, tendría las mismas interceptaciones e inteligencia que el resto, hizo que no se le retransmitiera la información.


El 3 era el día que empezaban las acciones sobre las Aleutianas para despistar a los americanos y los japoneses pretendían montar un dispositivo de vigilancia para saber qué hacía la flota enemiga al salir de Hawái. Pero el grupo de combate de Spruance había pasado hacia Midway antes de que los nipones establecieran su barrera y, posteriormente, el Yorktown pasó sin ser detectado. Unos días antes, en un intento por averiguar dónde estaban los barcos norteamericanos, que llevaban sin ver desde el 18 de mayo, un sobrevuelo con hidroaviones Kawanishi H8K (Emily para los americanos) sobre Pearl se tuvo que cancelar por la presencia de barcos enemigos en los bancos de arena de French Frigate, donde pretendían repostar.


Aproximación de ambas flotas a Midway (Osprey)

Un avión de reconocimiento PBY Catalina basado en Midway localizó a once unidades de superficie niponas 700 millas al 262 (poniente) de las islas, y bombarderos B-17 partieron para atacarlas. Eran los únicos aparatos basados en Midway con el alcance suficiente (sustituyendo algunas bombas por depósitos de combustible), pero lanzar bombas desde gran altura contra objetivos móviles era como tirar a cien metros con una escopeta de feria: no causaron ningún daño. El teniente coronel Sweeney, sin embargo, aseguró que sus aviones habían hecho blanco sobre seis o siete barcos. Pero no fue hasta esa noche cuando un hidroavión PBY Catalina fue capaz de acertar al transporte nipón Akebono Maru con un torpedo, aunque los daños fueron menores.


Contralmirante Fletcher

Fletcher, alertado de la detección de la flota enemiga, valoró correctamente que debía de tratarse de un grupo de transportes, ya que la situación no coincidía con las intenciones japonesas que conocía por inteligencia, y cambió su rumbo para encontrarse, al día siguiente, 200 millas al norte de Midway. Efectivamente, el Catalina había encontrado a la fuerza de invasión del contralmirante Tanaka. Ni el grueso de los acorazados ni la fuerza de portaaviones estaba allí; ambas se encontraban más al norte. El contralmirante norteamericano había llegado al denominado como Point Luck (punto de la suerte), donde se había acordado su encuentro con la task force de Spruance. Los tres portaaviones estadounidenses ya navegaban juntos.


Por la identificación que el piloto dio de los contactos (un portaaviones pequeño, un portahidroaviones, dos acorazados, varios cruceros y varios destructores), es muy probable que, además de los transporte de Tanaka, avistara al menos parte del grueso principal de Kondo (dos acorazados y un portaaviones) y la fuerza de apoyo de Kurita (cruceros y destructores). La fuerza de Tanaka avistó al Catalina, a pesar de sus esfuerzos por pasar desapercibido, y cuando la noticia llegó a Yamamoto, cientos de millas más al norte, la inevitable decisión fue que los acontecimientos debían adelantarse.


Vicealmirante Nagumo

Al amanecer del día 4, el almirante Nagumo lanzó su ataque: 36 bombarderos Kate y 36 bombarderos en picado Val. Nagumo reservó a sus pilotos más veteranos para la segunda oleada, con lo que el madrugón (diana a 0245) le tocó a los más novatos. Poco después, salían los elementos de reconocimiento aéreo, que veremos que fracasaron estrepitosamente.


La base norteamericana contaba con dos radares anticuados, pero que eran capaces de hacer detecciones a 150 millas. Midway había lanzado sus propias aeronaves de reconocimiento a las 0400, y a las 0530 llegó la noticia, desde un Catalina: portaaviones al 320 de la isla, 180 millas. Poco después, otro Catalina informaba de numerosos aviones enemigos dirigiéndose a Midway desde la misma demora: 320. Finalmente, con la primera oleada de Nagumo ya a 93 millas, los radares de la isla los detectaron.


Desde Midway, se hicieron al aire veinte Buffalo y seis Wildcat en misión de defensa aérea y, a continuación, los bombarderos en picado Vindicator y los seis torpederos Avenger, para que no fueran cogidos en tierra por el ataque. Cuando los japoneses estaban a 22 millas, ya no quedaba un solo aparato en Midway. Los aviones de Sweeney, las Flying Fortresses, recibieron la orden ya en vuelo de cambiar su objetivo: de Tanaka a Nagumo. Las fuerzas lanzadas contra el enemigo volaban sin protección de cazas, pues estos se habían quedado para defender la base.


La batalla aérea que se desató cerca de los atolones fue extremadamente cruenta para los muy inferiores aparatos americanos: treinta Buffalos y 2 Wildcats fueron derribados a cambio, solo, de tres bombarderos y dos cazas nipones. Seguidamente, los atacantes pudieron lanzarse sobre los depósitos de combustible (ya que no había aviones a los que atacar en la pista o hangares), pero fueron recibidos por un intenso fuego antiaéreo, perdiendo cuatro aparatos en las pasadas. Sobre todo, Tomonaga, el líder de la oleada japonesa, fue consciente de que el ataque no había sido un éxito: no habían destruido aviones, las pistas seguían intactas, así como armas pesadas para defenderse de un desembarco. Al poco de poner el morro hacia sus barcos base, el japonés transmitió un mensaje informando de que sería necesaria una segunda ola.


Diez Dauntless del Yorktown también habían salido en misión de reconocimiento a las 0430. Una hora después, los contralmirantes Fletcher y Spruance recibían la noticia del avistamiento de un portaaviones enemigo. Conscientes de que tenían que atacar rápido y coger al enemigo desprevenido, las cubiertas del Hornet, el Enterprise y el Yorktown comenzaron a llenarse de aviones. Nimitz había tomado la decisión de solo avisar a unos pocos oficiales de alto rango en Midway la presencia de los portaaviones propios, para evitar que se filtrara el secreto. Esto hizo que no hubiera coordinación ninguna entre la flota y la base, pero el resultado de la contienda dio la razón al almirante.


Haciendo una estimación del tiempo que tardarían los japoneses en recuperar los aviones que habían bombardeado Midway, el momento idóneo para atacar a sus portaaviones era las nueve de la mañana, cuando estarían preparándolos para una segunda oleada. Esto significaba lanzar los aviones propios más allá de su alcance, pero Spruance decidió correr el riesgo, suponiendo que, si ambas flotas seguían acercándose, sus aviones serían capaces de hacer el viaje de vuelta, y no solo el de ida.

Spruance (contralmirante en Midway)

Fletcher, por su parte, pensando en que solo habían avistado dos de los cuatro portaaviones que esperaban, decidió mantener a sus aparatos a bordo. Además, quería recuperar a los Dauntless de reconocimiento, para que sus tomas no entorpecieran los lanzamientos del resto. Finalmente, cuando recuperó los Dauntless, aunque todavía no sabía nada de los otros portaaviones enemigos, decidió que lanzaría a la mitad de sus aparatos para aprovechar la oportunidad, empleando una doctrina similar a la japonesa. Además, ambas task force habían conservado a la mayoría de sus cazas para defenderse, siguiendo las órdenes de Nimitz de proteger a toda costa a los portaaviones propios.


Mientras tanto, en la flota japonesa, la segunda oleada, la de los veteranos, se había empezado a preparar nada más lanzar la primera. Pero Nagumo recibió la noticia de que haría falta un segundo ataque sobre Midway y, al no haber detectado sus aviones de reconocimiento ningún barco americano, decidió cambiar la configuración de esa oleada (que estaba como reserva, por si tenían que responder a un ataque de otros barcos) a la de ataque a suelo. Esta fue la decisión que pudo cambiar el desarrollo de la batalla.


La flota nipona solo había dejado nueve Zeros en el aire, como patrulla aérea de combate (funciones defensivas aire-aire), con otros nueve en alerta en la cubierta del Akagi. El almirante japonés, debido al silencio radio impuesto, no sabía que la flota de invasión de Tanaka había sido descubierta, y todo su planeamiento se basaba en que mantenían el fundamental elemento de sorpresa. Y no solo eso, recordemos que su plan incluía dos partes secuenciales no coincidentes: atacar Midway y combatir a la flota enemiga.


Para entonces, los aviones basados en los atolones ya habían alcanzado la Primera Flota de Portaaviones. La densa cortina de fuego antiaéreo y la patrulla aérea de combate, a la que se habían sumado los Zero en alerta, dio buena cuenta de los atacantes. Cinco de los seis torpederos TBF fueron abatidos, y el sexto consiguió volver con el artillero muerto, los controles dañados y el sistema hidráulico hecho pedazos. Dos de los cuatro B-26 corrieron la misma suerte. Este fue el último empujón que necesitó el almirante japonés: no podía reservar la mitad de su potencia de fuego para una amenaza que, sus servicios de inteligencia aseguraban, no se presentaría aún, mientras que otra amenaza muy real y tangible le atacaba desde las islas. El cambio de configuración de todos los aparatos para mandarlos a atacar Midway les llevaría, aproximadamente, una hora.


Unos veinticinco minutos después (0725) de decidir cambiar el armamento de la segunda mitad de sus aparatos, Nagumo recibió la noticia de que un hidroavión de reconocimiento del crucero Tone había localizado barcos norteamericanos al nordeste de su posición (al 010 de Midway, 240 millas; a rumbo 150 y más de veinte nudos). La nueva orden fue continuar con el segundo ataque contra Midway, pero dejar a los aparatos que aún tuviesen torpedos armados así, por si tenía que atacar a esa posible flota enemiga.


Para entonces, los Dauntless de Midway, pilotados por completos novatos, habían llegado a la flota japonesa. Realizando picados suaves, en lugar del habitual en 80º, fueron presa fácil de la patrulla aérea de combate, y la mitad cayeron antes de sobrevolar el Hiryu. Seguidamente, las fortaleza volantes del teniente coronel Sweeney volvieron a lanzar sus bombas de 500 kg desde 20.000 pies, acertándole… al agua.


Boeing B-17 Flying Fortress

A las 0806, el avión de reconocimiento del crucero Tone informaba de que los barcos detectados eran cinco cruceros y cinco destructores. Nagumo respiró tranquilo; al no ser portaaviones, aún pasarían horas hasta que tuviese que preocuparse por ellos. A pesar de que su jefe de Estado Mayor pensaba que una fuerza así no campeaba por el océano sin un portaaviones cerca, el positivismo reinaba en el mando japonés. Puede ser entendible, cuando les habían atacado 131 aviones y no habían recibido un solo impacto.


A las 0830 tocaba jarro de agua fría. Mensaje del avión de reconocimiento del Tone: portaaviones acompañando a los barcos detectados.


El almirante nipón ordenó detener el proceso de rearme; aquello era una amenaza que tenía que enfrentar sin demora. Al caos que debía haber en las cubiertas y hangares de los portaaviones japoneses se unió un elemento más: la fuerza de ataque a Midway que habían mandado esa mañana estaba de vuelta, corta de combustible (el ataque se había lanzado a 380 km). Y las patrullas aéreas de combate llevaban toda la mañana en el aire, haciendo prácticas de tiro con los aviones estadounidenses. Había sido fácil, pero necesitaban combustible y munición si querían ser algo más que unas cometas muy caras. Nagumo decidió devolver a los aviones que tenía en cubierta a los hangares para poder recibir a los que regresaban y preparar una fuerza en condiciones para atacar a los barcos enemigos.

H-8… ¡agua!

El primer avión japonés de vuelta de Midway tomó a las 0830, una hora y media después de que los aparatos norteamericanos basados en tierra hubieran empezado a atacar, sin éxito, a los barcos nipones. Los japoneses, que confiaban poder lanzar sus aviones contra el portaaviones detectado a las 1030, no sabían que el Enterprise y el Hornet habían lanzado sus propias oleadas a 0630. El Yorktown no comenzaría hasta las 0840; estaba recuperando los diez Dauntless de reconocimiento y, como ya hemos visto, Fletcher decidió aguantar su oleada por si se avistaban más portaaviones enemigos.


En este punto, tenemos los primeros indicios de que el empleo de portaaviones era algo más complejo de lo que puede parecer: tenían que planearse con cuidado las fases de lanzamiento y recogida, además de la configuración de los aparatos. Por ejemplo, en el caso japonés, a pesar de que el ataque de los aviones norteamericanos con base en Midway no les causara daños, les obligó a mantener una patrulla de Zeros en el aire como defensa, ocupando tiempo y espacio en las cubiertas niponas. EE.UU. lleva desarrollando doctrina de empleo de portaaviones desde estas fechas. China acaba de empezar y, volviendo al presente, esto es algo que habitualmente pasan por alto los más alarmistas cuando mencionan la construcción naval china.



El almirante Spruance había previsto, inicialmente, lanzar sus aviones a las 0900, cuando calculaba que estaría a unas cien millas de la fuerza enemiga, pero las noticias del ataque sobre Midway le hicieron adelantar la operación dos horas, aun bajo riesgo de que muchos no podrían volver por combustible. Pero el norteamericano consideró que merecía la pena para intentar coger al enemigo en un momento crítico: apontando a los aviones que volvían de Midway o preparando el siguiente ataque. La oleada de 98 aviones estaba compuesta, en su mayoría, por obsoletos torpederos Devastator, junto con bombarderos en picado Dauntless. Iban protegidos por veinte Wildcats y componían la casi totalidad de los aparatos del Hornet y el Enterprise. La detección del avión de reconocimiento del Tone hizo que Spruance no espera a reunir a todos su escuadrones en el aire antes de destacarlos hacia los japoneses: los bombarderos en picado partieron primero, seguidos de torpederos y cazas. La separación adicional de los distintos grupos durante el vuelo les impidió realizar un ataque coordinado, haciendo que los Devastator atacaran sin cobertura de cazas y sufrieran un severo castigo.


Los norteamericanos no habían recibido ninguna actualización de la posición de los barcos japoneses, a los que hacían a rumbo a Midway. Cuando descendieron de la capa de nubes en la posición en la que los esperaban encontrar, se encontraron con un enorme océano vacío. 35 bombarderos del Hornet no avistaron a los barcos enemigos y, algunos, acabaron llegando a Midway. Los cazas Wildcat, sus depósitos vacíos, se vieron obligados a amerizar.


Detrás de los bombarderos, el capitán de corbeta John Waldron, al mando del escuadrón de torpederos VT-8 del Hornet, le dijo a sus pilotos que, si los japoneses habían avistado sus barcos, habrían cambiado de rumbo; así que, haciendo una estimación de la posición de los nipones, se dirigió hacia otro punto del Pacífico. Su atrevimiento fue compensado encontrando a los portaaviones japoneses justo donde esperaba. Por desgracia, sus lentos torpederos no pudieron hacer nada contra las defensas antiaéreas: los quince fueron derribados. El segundo escuadrón de torpederos consiguió poner siete peces en el agua, y cuatro aviones sobrevivieron, pero los torpedos no hicieron ningún impacto.



Lo único que sacaron en positivo de aquellos ataques fue que los Zero consumieran combustible y munición, además de obligar a los portaaviones a realizar maniobras defensivas, retrasando aún más la puesta en el aire de la segunda oleada. Los japoneses, que habían avistado a los aviones enemigos solo unos minutos después de dar la orden de preparar a sus aviones para atacar a la flota enemiga, confiaban en que se defenderían tan bien como esa mañana, pero el segundo jarro de agua fría del día estaba al caer: en el horizonte había demasiados aparatos para venir de un solo portaaviones. El enemigo parecía ser más numeroso de lo que esperaban.


La tercera fase de la desorganizada ola estadounidense llegó con aviones de los tres tipos: bombarderos, torpederos y cazas, pero estos últimos eran tan pocos, en comparación con los japoneses, que hubo Zeros de sobra para dedicarse a derribar a los torpederos y bombarderos.


La sensación en los barcos japoneses era de total superioridad. Los americanos les habían encontrado y atacado, pero habían rechazado la sucesión de pequeñas oleadas sin sufrir ningún daño y derribando a casi todos los aviones enemigos. Además, todavía tenían intactos a sus mejores pilotos, ya casi listos para salir a derrotar por fin a sus enemigos.

D-4… ¡tocado!

Mientras tanto, los Dauntless, perdidos, buscaban cualquier contacto de superficie en lo que parecía un mar vacío, hasta que encontraron un destructor japonés. Suponiendo dónde estaba la flota por los movimientos del destructor, llegaron sobre el grupo de combate nipón en el momento idóneo: los Wildcat se habían enzarzado en un combate cercano con los Zero y estos habían descendido para intentar derribar a los torpederos. A las 1020, la misma hora en la que empezaban a despegar los primeros aviones de la segunda oleada japonesa, los bombarderos norteamericanos pudieron lanzarse sobre sus víctimas con relativa tranquilidad.


  • El Akagi recibió dos impactos, uno de ellos provocando una violenta explosión que hizo darlo por perdido: Nagumo, descolgándose por un cabo que colgaba del puente, lo abandonó y se trasladó al crucero Nagara. El portaaviones terminó siendo torpedeado por un submarino japonés a la mañana siguiente, para acelerar su hundimiento.

  • El Kaga fue impactado cuatro veces, desatándose un enorme incendio que lo dejó inoperativo, hundiéndose a las 1925 tras una tremenda explosión.

  • El Soryu, por su parte, fue acertado tres veces por los Dauntless. Consumido por llamas tan intensas que el metal se derretía, su dotación lo abandonó a las 1050, quedando a la deriva y siendo impactado por tres torpedos del USS Nautilus, que se había infiltrado en la formación japonesa. Por la tarde, el barco se partió en dos, hundiéndose a las 1920.


Portaaviones japoneses ardiendo tras el ataque de los Dauntless

Los incendios y explosiones provocados se alimentaron del caos que reinaba en las cubiertas y hangares nipones, con la munición que se había montado y desmontado de los aviones para atacar a tierra aún fuera de las santabárbaras. Para los americanos no fue todo coser y cantar: la vuelta fue agónica, con muchos de los aparatos yéndose al agua antes de alcanzar sus cubiertas, y multitud de accidentes en los apontajes.


La contestación nipona, lanzada desde el Hiryu, que había salido indemne, alcanzó al Yorktown a mediodía. Se trataba de dieciocho bombarderos en picado escoltados por seis Zeros, que lograron hacer impacto con tres bombas y dejaron inutilizado al portaaviones norteamericano. El Yorktown solo había tenido tiempo de lanzar ocho Wildcats como patrulla aérea de combate, pero se les unieron aparatos de los otros barcos, logrando reunir una fuerza de 28 cazas, que dieron cuenta de diez bombarderos enemigos. Otros tres cayeron blanco del fuego antiaéreo.


Yorktown: reparaciones bajo la línea de flotación

Fletcher tuvo que pasarse al crucero Astoria y el Portland trató de dar remolque al Yorktown. Sin embargo, en menos de dos horas, los equipos de reparaciones consiguieron poner el barco en funcionamiento otra vez (¡incluso la agujereada cubierta de vuelo!), hasta el punto de que la oleada japonesa de las 1445 pensó que se trataba de otro portaaviones, por encontrarse intacto. Este segundo asalto, para el que los japoneses solo pudieron contar ya con dieciséis aparatos, volvió a dejar al Yorktown fuera de combate, abandonándolo parte de la dotación a 1500. Los Wildcat y el fuego antiaéreo solo habían permitido que cinco de los aviones enemigos llegaran hasta el portaaviones, logrando dos impactos, junto a un impacto kamikaze, el del líder de la formación, Tomonaga, el mismo que había mandado el ataque a Midway. Los japoneses pensaban que habían hundido dos portaaviones norteamericanos.


Daños en la cubierta del Yorktown tras el ataque japonés

El Yorktown se resistió a hundirse, y aguantó hasta el día 6, cuando el submarino japonés I-168 lo torpedeó. La escora indicaba que era insalvable y, finalmente, se dio por perdido, hundiéndose a las 7 de la mañana del día 7.

F-6 ¡tocado y hundido!

A las 1700, una oleada de 24 bombarderos Dauntless del Enterprise, sin escolta, logró cuatro impactos sobre el Hiryu, el único portaaviones nipón que había salido indemne, y que había sido encontrado por diez aviones de reconocimiento de Fletcher. Dieciséis Dauntless del Hornet se unieron al ataque. El almirante Yamaguchi, convencido de que habían dejado fuera de combate a dos portaaviones estadounidenses, pensaba que se habían igualado las tornas: uno contra uno. La orden era prepararse para un ataque al amanecer, con los cuatro Kates, cinco Vals y seis Zeros que le quedaban operativos.


Cuatro bombas hicieron blanco en el Hiryu, lanzadas desde helldivers (picadores del infierno) que cegaban a los antiaéreos japoneses saliendo de la demora del sol. Una de las bombas dio en la isla, matando al almirante Yamaguchi. A las 0158, una gran explosión sacudió el Hiryu y, poco después, se dio la orden de abandonarlo. El almirante Yamaguchi y el comandante, capitán de navío Kaku, se ataron al timón para hundirse con el barco. A las 0510, fue torpedeado por dos destructores propios, pero aguantó sin hundirse hasta las 0820. La destrucción causada por los Dauntless sobre el Hiryu fue tal, que parte de los atacantes pudieron dedicar su atención a los escoltas, intentando hacer blanco, sin éxito, sobre el Haruna, el Tone y el Chikuma.


Maniobra antibombardero de un portaaviones japonés en Midway

Mientras tanto, la fuerza de acorazados japonesa no había intervenido. Ya a las 1915, Yamamoto, a bordo del descomunal Yamato, los ordenó proceder a levante, con la esperanza de hacer contacto con los estadounidenses o, al menos, atacar Midway. También reclamó a los dos portaaviones de Aleutianas, pero estos no llegarían hasta la tarde del día 6. A primera hora del día 5, consciente de que estaba en una abrumadora inferioridad aérea, anuló la operación e inició la retirada. El submarino japonés I-168 torpedeó al Yorktown a las 1330. El barco que había sobrevivido al mar de Coral y a las dos oleadas del día anterior todavía aguantó hasta las 0600 del día siguiente, cuando zozobró y se fue a pique.

Game over

El resultado de la batalla se puede medir en varios planos. En el puramente táctico, supuso una clara victoria norteamericana, que solo perdieron un portaaviones frente a los cuatro japoneses. En el operacional/estratégico, la pérdida no solo de sus cubiertas, sino de un elevadísimo número de pilotos experimentados, lastraría al Imperio del Sol durante el resto de la contienda. Japón dejó de dominar el Pacífico y EE.UU. pudo comenzar la campaña de Guadalcanal. En un plano histórico, Midway señala el relevo del buque principal, del acorazado al portaaviones.

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Bibliografía:

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  • Healy, M. (1994): Midway 1942: momento crucial en el Pacífico. Batallas de la Historia 10, España, Osprey Military, Ediciones El Prado.

  • Mas Godayol, J. (1983): La marina. Historia: de Trafalgar a nuestros días, vol. 5, Barcelona, Editorial Delta, pp. 947-958.

  • Pérez Bolívar, E. (2018): El Mediterráneo en la Segunda Guerra Mundial: operaciones de superficie, submarinas y antisubmarinas, Málaga, Editorial Salamina, pp. 355-376.

  • VV.AA. (2019): “HistoCast 194 – Batalla de Midway”, en Salduero, G., Histocast, 11 de noviembre de 2019. Disponible en https://www.histocast.com/podcasts/histocast-194-batalla-de-midway/ [Consulta 30 de septiembre de 2020].

  • VV.AA. (2012): Técnicas Bélicas de la Guerra Naval: 1190 a.C. – Presente. Equipamiento, técnicas de combate, comandantes y barcos, Madrid, Editorial Libsa, pp. 237-245.

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