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¿Por qué los submarinos nucleares son mejores? Un ejemplo práctico (y real)

Actualizado: ene 4

Agosto de 1957. El capitán de corbeta Norman «Buzz» Bessac se iba a encontrar con la situación más incómoda de su carrera: detectado donde no debería de estar, incapaz de huir ni de esconderse. Bessac estaba al mando del USS Gudgeon, otro de esos submarinos americanos bautizados como peces.


Pero antes de descubrir la historia del Gudgeon, tenemos que aclarar algunos conceptos que nos permitan entender la aterradora situación que vivieron Bessac y su dotación.


1. El esnórquel y los submarinos convencionales

2. Los submarinos estadounidenses en 1957: la clase Tang

3. Convención sobre el derecho del mar: dónde no puede estar tu submarino

4. Acústica submarina: cómo esconderse bajo el agua

5. La trepidante historia del Gudgeon


El esnorquel y los submarinos convencionales

Dejando a un lado los submarinos nucleares de los que hablaremos más adelante, y que para la fecha que nos concierne estaban, casi literalmente, en pañales, los submarinos se mueven, principalmente, por baterías. Pero claro, las baterías no son eternas y es necesario recargarlas. Para hacerlo, cuentan con motores diésel, esencialmente iguales que los de cualquier otro barco. Con el submarino en superficie, se utilizan los motores diésel para mover el barco y, a la vez, cargar las baterías.

Esto tiene un importante inconveniente, y no es otro que la vulnerabilidad del submarino en superficie. Su principal arma es la discreción y en superficie están en inferioridad ante, prácticamente, cualquier unidad enemiga. Por no mencionar el hecho de que muchas de sus misiones consisten en meterse en sitios donde no pueden ser vistos.


Encender los motores en inmersión es imposible: las máquinas aspirarían el aire que la dotación necesita para respirar mientras expulsan gases tóxicos y potencialmente mortales. Desde la invención de los primeros ingenios sumergibles, sus diseñadores se preocuparon por encontrar un método que permitiera a las tripulaciones respirar. Como un análisis de todos los chismes que precedieron al esnórquel como lo conocemos hoy nos llevaría demasiado tiempo, nos limitaremos a hablar de los primeros usados por los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. Tras ser probado en un submarino tipo II en 1943, se instaló en los tipo VII y tipo IX. Estos primeros tubos eran plegables, quedando abatidos sobre la cubierta cuando no estaban en uso. Los posteriores tipo XXI y XXIII ya usaron esnórqueles retráctiles.


Esnorquel abatible de un U-boot capturado. Mayo de 1945

Los estadounidenses desarrollaron sus esnórqueles a partir de planos y submarinos alemanes capturados en Tolón y los diseños que ya tenía empezados Electric Boat. En 1946, el USS Irex (SS-482) se convirtió en el primer submarino norteamericano operativo con esnórquel.


A pesar de ser un avance increíble, que permitía a los submarinos pasar semanas bajo el agua, asomando solo un mástil más pequeño que una boya, el nuevo sistema seguía teniendo sus limitaciones. En primer lugar, se podía ver desde otros barcos y, especialmente, desde aeronaves. Era mucho menos conspicuo que ver todo un submarino en superficie, pero los soviéticos también habían capturado U-boote y seguro que sabían lo que estaban buscando. En segundo lugar, obligaba al submarino a permanecer en cota periscópica, es decir, a una profundidad desde la que el mástil del esnórquel saliera a superficie. Además de que esto lo podía hacer visible en aguas claras, le impedía esconderse, como veremos más adelante, y lo hacía susceptible de ser embestido por unidades de superficie. También podía suponer que un ligero descontrol de la profundidad lo sacara a superficie por error. En tercer lugar, el esnórquel, y en especial los primeros sistemas, no estaba exento de fallos, lo que podía dar lugar a incidentes catastróficos.

Esnorquel (elSnorkel.com)

El esnórquel original funcionaba por una válvula de flotador que, al subir por el efecto de la mar, taponaba el tubo de aspiración. El tubo de exhaustación tenía una válvula de charnela, que permitía la evacuación de gases sin permitir que el agua entrase. Uno de los incidentes más habituales —aún hoy en día— es el «taponazo»: el cerrado de la aspiración por una ola, que provoca una baja presión dentro del submarino, ya que los motores siguen chupando aire de un cilindro que, en ese momento, queda aislado del exterior. Si durara indefinidamente, se haría el vacío (en realidad, los motores se pararían mucho antes), pero unos instantes son suficientes para disminuir la presión creando una sensación muy incómoda para la dotación, que pasa unos reconocimientos médicos para verificar que son capaces de sufrir ese estrés.


Con el advenimiento del esnórquel, los submarinos pasaron a operar mayoritariamente sumergidos, haciendo ciclos de recarga a profundidad periscópica para mantener las baterías cargadas. Como es lógico, para adentrarse en una zona peligrosa, lo ideal es hacerlo con las baterías a tope, ya que difícilmente podrás subir a recargarlas.


Los submarinos estadounidenses en 1957: la clase Tang

El USS Gudgeon (SS-567) fue el quinto de una serie de seis submarinos encabezada por el Tang. Fueron los primeros submarinos norteamericanos en ser diseñados para operar principalmente sumergidos, gracias a la incorporación del esnórquel. Los tipo XXI alemanes habían supuesto una revolución en el diseño de sumergibles y la captura del U-2513 y el U-3008 permitió a los EE.UU. aplicar todo lo aprendido por la Kriegsmarine.


Anteriormente, los submarinos estadounidenses podían recorrer treinta millas sumergidos, a una velocidad de tres nudos. Los tipo XXI eran capaces de mantener seis nudos en inmersión durante cuarenta horas, haciendo un total de 240 millas. Y lo hacían de forma más silenciosa. Pero es que, añadiendo ciclos de esnórquel, podían llegar a recorrer 10000 millas en inmersión, a velocidades de hasta doce nudos. La guerra submarina había cambiado para siempre.


USS Gudgeon (SS-567)

Los estudios posteriores a la guerra incluyeron la decisión de prescindir del montaje de cubierta y una serie de mejoras derivaron en un submarino capaz de mantenerse 43 horas bajo el agua a 3 nudos o dar una velocidad máxima de 17,5 nudos durante una hora. Haciendo esnórquel, su autonomía alcanzaba las 10000 millas a 10 nudos. El USS Tang (SS-563) se entregó en 1951 y el resto de la serie al año siguiente. Este diseño sirvió de base para los primeros submarinos nucleares; los Nautilus, Seawolf y Skate.

Los Tang desplazaban 2100 toneladas (2700 en inmersión) con una eslora de 87 metros y ocho de manga. Su velocidad máxima en superficie era de veinte nudos y de dieciocho en inmersión. Su dotación estaba compuesta por 83 personas y el armamento principal eran seis tubos lanzatorpedos, junto con otros dos más pequeños a popa. Como podemos ver, eran bastante grandes para los estándares de los submarinos diésel modernos.


Convención sobre el derecho del mar: dónde no puede estar tu submarino

Lo que vamos a tratar en este breve apartado seguramente sea conocido por la mayoría, pero no está de más pegarle un breve repaso.


La Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar tiene su origen en 1982, por lo que para ponernos en contexto, tendremos que irnos más atrás. De hecho, la primera conferencia de la ONU sobre Derecho del Mar tuvo lugar un año después de los eventos que vamos a narrar. Por suerte, la situación en 1957 no era muy diferente a la actual, aunque la norma fuera consuetudinaria (basada en la costumbre) o estuviese recogida en otros acuerdos. Precisamente, la delimitación de la anchura del mar territorial fue uno de los puntos en los que no se logró acuerdo en la segunda conferencia de 1960. La tercera conferencia culminó en el convenio de Jamaica en 1982, donde se abrió a la firma la actual Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (UNCLOS).



La importancia del mar territorial es muy significativa, pues se trata, a casi todos los efectos, de un trozo de mar que se encuentra bajo la misma jurisdicción que el territorio del Estado ribereño. Vamos, que es como si fuera parte del país. Es tan importante que, antes de la conferencia de las NN.UU. en 1960, la comunidad internacional ya fracasó al intentar ponerse de acuerdo en La Haya en 1930. Por entonces, aún se hablaba de la distancia de tres millas, cuyo origen se encuentra en el alcance de los cañones de artillería de costa. La distancia adoptada en la UNCLOS son 12 millas náuticas. Curiosamente, EE.UU. aún no ha firmado la UNCLOS, aunque por lo general respeta sus preceptos.


En la fecha que nos interesa, el verano de 1957, EE.UU. defendía que las aguas territoriales no podían extenderse más allá de las tres millas de costa, mientras que la URSS ya defendía las doce millas. Aunque esto pueda parecer un problema, no debería de serlo: si las intenciones de los estadounidenses hubieran sido inocentes, habrían respetado las doce millas; meter 2700 toneladas de material militar en territorio enemigo no es, precisamente, muy amistoso. Claro que, entonces, no lo habrían llamado Guerra Fría.


Acústica submarina: cómo esconderse bajo el agua

La acústica submarina merecería no solo una entrada completa del blog, sino un tratado exclusivo; como de hecho, existen. Para una explicación somera, recomiendo leer el artículo sobre el sonar de las fragatas F110 que me publicó la revista Ejércitos. En este apartado daré unas nociones muy básicas para poder entender qué le pasó al Gudgeon.


Las características del medio por el que se mueven las ondas de sonido con las que trabaja el sonar —el agua— cambian mucho más que las del aire, haciendo que sea necesario estudiar su temperatura, presión y salinidad para averiguar (o intentarlo) cómo se van a propagar las ondas.


La temperatura es la característica que más afecta (además, la presión cambia de forma constante con la profundidad, así que es más fácil). Resumiendo mucho, las ondas de sonido tienden a irse a las zonas de menor velocidad de transmisión. Sí; son vagas. Sabiendo esto y aplicando los dos fenómenos que afectan a los rayos sonoros —reflexión y refracción—, obtenemos los cuatro posibles caminos para aprovechar las transmisiones del sonar.


El rayo directo se curva hacia arriba (buscando la zona más lenta), rebota en la superficie y vuelve a repetir. La profundidad máxima que alcanza (el pico de velocidad) se denomina profundidad de capa y podemos ver que, bajo ella, es muy difícil ver (oír, más bien) nada desde la superficie.

El rebote en el fondo ocurre con los rayos que se cuelan por debajo de la capa. Obviamente, tiene que ser un fondo «bueno» y, aun así, se pierde mucha fuerza en el rebote.

La zona de convergencia se da cuando los rayos que se curvan hacia abajo vuelven a encontrar otro gradiente positivo. Se vuelven a curvar hacia arriba y llegan a la superficie, donde tendríamos un «donut» de detección: no veríamos nada en el centro, pero sí en un anillo que suele estar a unas veinte millas.

El canal sonoro, que se puede dar a distintas profundidades, es aprovechable por los transmisores y receptores que se encuentren dentro de él. Es, muy posiblemente, la mejor forma de transmisión, pero solo la pueden aprovechar los submarinos… o los barcos con sonares remolcados y las aeronaves con sonares calables o sonoboyas. Ya me habrás oído mil veces que, paradójicamente, los submarinos se cazan mejor desde el aire.

En resumen, podemos ver que, si el comandante de un submarino se viera acosado por unidades de superficie, muy posiblemente, lo primero que haría sería intentar meterse debajo de la capa, donde los sonares de casco de los barcos son casi inútiles.


La trepidante historia del Gudgeon

A sus 34 años, Buzz Bessac estaba lejos de ser un novato. Ya había conducido al Gudgeon en una misión de reconocimiento bajo un grupo de barcos soviéticos y se había ganado un hueco en los nuevos submarinos nucleares de Rickover, de los que hablaremos en otra entrada.


El Gudgeon era un submarino convencional, pero como hemos visto era uno de los más modernos, diseñado desde el principio con esnórquel y equipos de escucha electromagnética. Tras la guerra, EE.UU. se había dado cuenta de que los submarinos iban a seguir jugando un papel fundamental, pero alejados de sus clásicas misiones de ataque a barcos enemigos. Los norteamericanos estaban preocupados por los avances de sus nuevos rivales y el submarino era el medio ideal para vigilar sus pruebas de misiles, de bombas nucleares y la actividad de su creciente flota.


Ya hemos visto que por aquellas fechas, la URSS reclamaba 12 millas de aguas territoriales, pero EE.UU. solo reconocía 3. En cualquier caso, esto resultó irrelevante, pues Bessac tenía permiso para meterse incluso por dentro de las 3 millas. Esto nos da una idea de la importancia que le daban a las misiones de vigilancia y también de la confianza en la discreción de sus submarinos.


El Gudgeon salió de Japón y la patrulla en las proximidades de Vladivostok se convertió en rutinaria. Un mes metiéndose en aguas soviéticas durante el día, usando las antenas para recopilar la información y alejándose por la noche para hacer esnórquel: arrancar los motores, recargar baterías y ventilar. Además de ser una situación más vulnerable, los motores diésel hacían más ruido que las baterías, por lo que tenía sentido que Bessac se llevará a su submarino a un par de decenas de millas para pasar la noche más tranquilo.


El 19 de agosto de 1957, la rutina se vería interrumpida. Alrededor de las 5 de la tarde, a cota periscópica y cuando el Gudgeon llevaba ya doce horas navegando con baterías, algún error o causa fortuita le hizo asomar una parte del casco… con la mala suerte de que un puñado de barcos soviéticos estaban casi encima.


Bessac tocó zafarrancho de combate y metió el submarino para abajo, en busca de la capa. Hoy en día, gran parte de las aguas del mundo están estudiadas, de tal forma que se pueden predecir los alcances sonar en ellas. Pero estamos hablando de la niñez del submarino puro; los primeros sumergibles que no vivían en superficie y se metían para abajo solo unos minutos para atacar a sus presas. Bessac bajó el morro y confió en que, en algún momento, encontraría ese cambio de gradiente.


La opción de huir por velocidad de un barco de superficie era inexistente, y menos de un grupo de ellos, pero además, los soviéticos habían pillado al Gudgeon a punto de ir a recargar baterías; con la carga al mínimo, apenas podían moverse a unos pocos nudos.

Los niveles de dióxido de carbono estaban tan altos que casi toda la dotación sufría dolores de cabeza. Bessac mandó a todo el personal no esencial a la cama para consumir menos oxígeno. Arriba, al menos cuatro barcos les daban caza.


De repente, los sonaristas detectaron algo nuevo entre los pings de sonar.


Splash. Splash. Splash.


Cargas de profundidad. Pero de las pequeñas. Como granadas de mano.


El Gudgeon aguantaría esas pequeñas explosiones sin problemas, pero ¿y si los soviéticos lanzaban las de verdad? No estaban en guerra, pero todo el mundo sabía que Iván ya había derribado aviones estadounidenses.


Tres horas después de ser detectado, Bessac seguía intentando huir, buscado la capa más allá de la profundidad máxima probada: 700 pies (más de 200 m). El comandante del Gudgeon hubiese seguido bajando, pero tenía un problema: una de las dos compuertas del sistema de eyección de basura se había atascado y no cerraba. Una única pieza de acero aguantaba la presión de más de 20 atmósferas.


Bessac lo intentó todo: noisemakers (señuelos de ruido), ponerle proa a los soviéticos, cambios de rumbo. Nada. Tenía ya a ocho barcos encima. Los norteamericanos calculaban y recalculaban soluciones de disparo, pero no podían abrir fuego. No estaban en guerra.



Pasaron doce horas . Veinticuatro. El aire era tan rancio que costaba desplazarse solo unos metros. Tenían una capacidad limitada de generar más oxígeno, pero no podían librarse del monóxido y el dióxido de carbono.


Cuando llegaron a las 48 horas, el Gudgeon llevaba casi 64 sin recargar baterías ni ventilar. No había alternativa. Bessac decidió que tenía que subir.


Una vez en cota periscópica, intentaron aprovechar para mandar un mensaje radio, pero la antena no subía. Además, un barco soviético se les echó encima. Bessac dio la orden de inmersión para evitar ser embestido. El comandante del Gudgeon consultó con su segundo, el TN Coppedge, que a su vez habló con el jefe de Máquinas y el médico. No podían seguir así. Se tomó la única decisión posible: subirían, pero no permitirían que los soviéticos les abordaran. Se repartieron pistolas para los oficiales. Los códigos, documentos clasificados y todo tipo de información sensible fueron lastrados para ser lanzados por la borda.


Tras cinco minutos de esnórquel, con los soviéticos guardando la distancia, Bessac decidió que la única solución era salir por completo a superficie e intentar dar los veinte nudos de los que Gudgeon era capaz.


Sin que se disparara un solo tiro, sin un solo herido, la US Navy acababa de perder una batalla. Vulnerable, en superficie, el Gudgeon mandó un mensaje de ayuda a Japón. En claro. Total, ya sabían quiénes eran.


Los soviéticos solo habían dejado dos o tres pequeños cazasubmarinos. Establecieron comunicaciones por morse y dieron al Gudgeon la orden de alejarse. «Gracias por el ejercicio ASW», remataron.


El suceso del Gudgeon dejó patente las vulnerabilidades de los submarinos convencionales y supuso otro empujón para los submarinos de ataque nucleares (SSN) de Rickover. La victoria moral soviética fue tal que el almirante Wright, CINCLANT (comandante en jefe de las fuerza en el Atlántico), colgó en la puerta de su oficina un cartel en el que prometía una caja de Jack Daniels para el primero en obligar a un submarino soviético a hacer superficie. En 1959, el CC Theodore Davis (en la imagen de TN), al mando del USS Grenadier, lograría sacar a un Zulu cerca de Islandia, ganándose la caja de güisqui.



En cuanto a nuestro protagonista, el CC Bessac, no parece que el incidente perjudicara mucho su carrera, pues mantendría el puesto que le habían prometido en el nuevo Silent Service nuclear.




Debriefing

En definitiva, el principal arma de un submarino es la discreción; una vez detectado, lo puede pasar muy mal. Y la guerra antisubmarina, a pesar de ser difícil y compleja, es muy necesaria.



En un intento de evitar que su historia se conociera, el Gudgeon fue mandado a dar la vuelta al mundo, siendo el primer submarino de EE.UU. en lograrlo (luego lo haría el SSN Nautilus, bajo el agua). Posteriormente, en 1967, fue modificado para recibir el nuevo sonar pasivo PUFFS. En el 79 fue designado como submarino auxiliar y de investigación y, en ese mismo año, como submarino auxiliar lanzador de misiles. Causó baja en la US Navy en 1983, cediéndose a Turquía, que lo compró cuatro años después y lo operó hasta 2004 (¡más de cincuenta años de servicio!). Actualmente, es un museo flotante en Besiktas.



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