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La falange helénica: desde los comienzos a Alejandro

Actualizado: 24 may 2020

Todos —o casi— hemos visto «300». La defensa a muerte, literalmente, del paso de las Termópilas por el rey Leónidas y su guardia de espartanos ha pasado a la leyenda. Años más tarde, otro griego, que podríamos pensar que no tenía nada que ver, llegó hasta la India y forjó una leyenda que le valió el sobrenombre de «Magno» y ser el ejemplo a seguir para todos los generales de los siglos venideros. Sin embargo, Leónidas y Alejandro sí tenían algo en común. El núcleo de sus ejércitos los formaba la falange, los soldados que luchaban a pie, codo con codo y equipados con armaduras y escudos pesados. Evidentemente, los años no pasaron en vano y, al haber más de un siglo entre uno y otro, la falange había evolucionado considerablemente. Eso es precisamente lo que voy a intentar explicar.



El origen de la falange

En la época arcaica (ss. VII y VI a.C.) hubo un gran desarrollo económico impulsado por el comercio, junto a una corriente expansiva materializada en la aparición de colonias y un renacimiento de la cultura griega. Así, durante la Grecia clásica (500-323 a.C.), la cultura helénica alcanzó su cenit.


Este desarrollo vino acompañado de un enorme crecimiento demográfico, explotándose más tierras de cultivo y dando lugar a la aparición de un campesino acomodado que podía costearse el equipamiento de soldado. Hasta entonces, solo los aristócratas podían pagar la panoplia, cuyo precio se estima en cien dracmas áticas, lo que sería el salario trimestral de un obrero cualificado.

En este contexto, aparece la polis, la ciudad, que aglutinaba los campos de cultivo que tenía a su alrededor bajo un único liderazgo, generalmente de aristócratas. Los propietarios de tierras aceptaban este liderazgo y contribuían en la guerra a cambio de participar en el poder mediante las asambleas. De este modo, al aumentar el número de combatientes, apareció la falange y el combate individual que protagonizaban los aristócratas (os puede sonar de Troya) quedó relegado. En este contexto nació la democracia, en la que los ciudadanos —vale, no todos, pero sí una parte privilegiada de ellos— tenían cierto poder de forma colegiada. Pero también aparecieron los tiranos que, apoyados por estos nuevos elementos políticos, llegaron al poder por la fuerza con el supuesto objetivo de echar a la clase gobernante tradicional (sí… lo del populismo no lo hemos inventado nosotros).


Es posible que la inclusión del hoplita en el ejército no fuese del todo voluntaria, sino que respondiese a una necesidad de los aristócratas de aumentar sus ejércitos. Pero les salió un poco rana porque los campesinos, al conformar la falange, se dieron cuenta de su creciente importancia y reclamaron participación política. En cualquier caso, está claro que, tanto a la falange como a la política, solo pudo acceder un pequeño y privilegiado sector de la sociedad: propietarios de terrenos de cultivo con suficientes ingresos como para costearse el equipo y poder partir a una campaña y dejar asegurada la subsistencia de su familia. Así que, aunque no debemos menospreciar la aparición de la democracia en Grecia, hay que tener claro que distaba de ser universal. El resto de estratos sociales conformaron otras unidades del ejército equipadas con armamento ligero y no tuvieron acceso al poder político.


La panoplia

El elemento característico del hoplita fue, sin duda, su escudo pesado. Circular, cóncavo, cercano al metro de diámetro y hecho de madera cubierta con láminas de bronce, se sujetaba mediante una doble abrazadera en el antebrazo izquierdo: una banda metálica en el centro y una tira de piel en el borde para la mano. Se decoraba con símbolos, la familia del guerrero, la ciudad por la que luchaba, símbolos protectores, religiosos o amenazantes. En Esparta, los escudos llevaban una gran lambda (L) de Lacedemonia (sí, esa «v» invertida que sale en la peli), en Tebas una maza de Heracles y los sicinios lucían una sigma. Muy pesado (¡siete u ocho kilos!), se apoyaba en el hombro izquierdo del hoplita y el tamaño era suficiente para que solo sobresalieran la cabeza y las piernas por debajo de las rodillas. Para protegerse esas partes del cuerpo, usaban el casco y las grebas.


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El escudo árgivo, conocido como hóplon o aspís es importantísimo porque definió la manera de combatir. Primero, el escudo era tan grande y pesado que no podía portarse sobre la espalda, lo que dificultaba la retirada. Segundo, el escudo no protegía la totalidad del cuerpo del combatiente, sino solo su mitad izquierda. Pero también cubría la mitad derecha del compañero adyacente, de tal forma que prácticamente obligó a crear un espíritu de solidaridad y de combate en equipo. Por último, el uso del escudo hoplita requería de un entrenamiento específico, por lo que, además de por el elevado coste de la panoplia, su empleo no estaba al alcance de todos. Es más, este entrenamiento debía ser conjunto, ya que el combate se desarrollaría en grupo y no tendría sentido entrenar sin el compañero que debía proteger el hoplita o aquel que le protegía. Además de su eminente función protectora, el escudo también se usaba para atacar: se utilizaba como ariete para embestir a la formación contraria.


Algunos dicen que el escudo hoplita fue una innovación con el objeto de dar más protección y otros que era un defecto, porque al ser tan pesado dificultaba los movimientos del soldado. De cualquier manera, es evidente que la falange apareció de la mano del hóplon, ya fuera porque se buscó una formación cerrada y más protegida y para ello se desarrolló el escudo o porque el uso del escudo obligaba a combatir de esa manera. ¿Qué fue antes, el huevo o la gallina?


Como hemos comentado anteriormente, el resto de elementos defensivos de la panoplia hoplita eran:

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  • Un casco, generalmente de forma corintia, de una sola lámina de bronce y con una apertura en «T» para los ojos y la boca. Se forraba el interior con fieltro y, en ocasiones, se le añadían penachos de crin de caballo en una cresta (mola, ¿eh?).

  • Grebas de bronce.

  • Un coselete o coraza de bronce para el torso y la espalda. Con el tiempo, este coselete se sustituyó por el linothorax, una coraza de lino en láminas, encoladas y endurecidas con vinagre y sal que, en ocasiones, se reforzaba con escamas de bronce.

El armamento principal del hoplita era una larga lanza pesada, de cerca de dos metros de longitud. Luego veremos que evolucionó hasta alcanzar los siete metros. Esta lanza se empleaba para herir al enemigo por encima o por debajo de su escudo. También tenían una espada corta, solo para usarla en el caso de que perdieran la lanza.


La formación en falange

Echando un vistazo al equipamiento seguro que ya os habéis dado cuenta de que la falange era una formación cerrada en la que los hoplitas combatían muy próximos a sus compañeros. Se formaba en línea. La base de la formación era una hilera de dieciséis hombres. Con dieciséis hileras resultaba una formación en cuadro conocida como sintagma. En la primera fila formaban los guerreros más veteranos y hábiles. Los siguientes más duchos en el combate formaban en la última hilera, de tal forma que el sintagma era especialmente resistente al principio del combate y al final.


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Una formación podía componerse de muchos sintagmas, unos a lado de los otros, hasta completar la falangarquía, dieciséis sintagmas que sumaban 4.096 hombres en 256 hileras de dieciséis. Como los guerreros protegían a su compañero de la izquierda con el escudo, el hombre de más a la derecha quedaba desprotegido. Este era el puesto de mayor honor, reservado para el jefe del ejército. Debido a esta colocación, las falanges eran generalmente mucho más fuertes en sus flancos derechos, lo que tenía dos consecuencias:

  • Allí era donde solía dirimirse el resultado de la batalla. Los respectivos flancos derechos, enfrentados al flanco más débil del enemigo, eran casi siempre los primeros en romper la formación enemiga y, una vez conseguido esto, la batalla prácticamente se terminaba.

  • Las formaciones tendían a desplazarse hacia su derecha, buscando la cobertura del compañero. Este movimiento, sumado al de empuje o ariete que hacían contra la formación contraria apoyados en sus escudos, resultaba en un giro del frente de choque en sentido anti horario.

Si hay algún estudioso de la guerra en la sala, se habrá dado cuenta de que la falange tiene un punto débil: los flancos. Esto los limitaba mucho, sobre todo en combates contra enemigos que usaban otro tipo de tropas. Para evitarlo se intentaban apoyar los extremos del despliegue en obstáculos del terreno. Y qué mejor sitio que un desfiladero como Termópilas. O, como veremos más abajo, en Maratón, una batalla quizás menos conocida por la mayoría, pero mucho más importante.


Esta formación cerrada, tan distinta de los combates individuales de épocas anteriores y de las masas u hordas que chocaban sin orden alguno, requería de un orden y disciplina elevados que supuso una profesionalización, al menos parcial, de los combatientes. El máximo exponente fue Esparta: sus ciudadanos se dedicaban casi exclusivamente al entrenamiento militar mientras que subyugaban a los habitantes de las zonas conquistadas para las tareas del campo y otras profesiones. Oye, que lo de plantar cereal te lo dejo a ti que yo me voy con mis compis a conquistar algo por ahí.



Repasando un poco, la falange nació para controlar terrenos llanos (los cultivables) en un territorio eminentemente montañoso. Tenía ciertas connotaciones de código, casi religiosas: al principio se limitaban a unas tácticas inmovilistas que los tebanos y los macedonios adaptaron en su beneficio (luego lo vemos). Este aspecto ritual, como si la guerra fuera un concurso, se demuestra en que rara vez se perseguía a un enemigo en retirada. Quizás por eso la caballería tuvo poco protagonismo hasta que la introdujeran Filipo y Alejandro (también lo veremos).


Evolución de la falange


1. Las Guerras Médicas

Básicamente, la falange en las Guerras Médicas era como la hemos descrito hasta ahora. Las Guerras Médicas enfrentaron a las ciudades griegas con el imperio persa (sí, Termópilas y todo eso). Los ejércitos hoplitas estaban compuestos por infantería pesada, armada de un gran escudo y una lanza de unos dos metros. Existía también una infantería ligera, conformada por los menos favorecidos.


2. La Guerra del Peloponeso

En la Guerra del Peloponeso se extiende el uso de la infantería ligera y se hace necesario reclutar mercenarios. Los hoplitas no eran suficientes para sostener el esfuerzo bélico (hay que acordarse de que muy pocos ciudadanos podían acceder a la falange). El número reducido de hoplitas obligó a emplear mercenarios y unidades menos equipadas. Principalmente se empleaban en vanguardia o para proteger los flancos de la falange. También se empieza a emplear la caballería, sobre todo en funciones de hostigamiento y exploración y también para proteger los flancos.


Esparta se enfrentó a Tebas en la Guerra de Corinto y fue derrotada (sí, los espartanos también perdían) en Leuctra en el 371 a.C. El general Epaminondas revolucionó la táctica de la falange al poner a sus mejores hombres, entre los que se encontraba el batallón sagrado, en el flanco izquierdo para enfrentarlos a los mejores combatientes espartanos. Además, hizo ese flanco mucho más profundo, de hasta cincuenta líneas por las dieciséis habituales. Así, arrolló a la falange espartana desbaratando su formación y descabezándola, pues el rey espartano sucumbió en el combate. Esta táctica se conoce como falange oblicua y evitaba el anterior giro de las formaciones produciendo un bloqueo y una batalla de aniquilamiento.


3. Macedonia

Macedonia, en la parte norte de Grecia, era un estado basado en relaciones de tipo feudal en el que el rey era el primero entre los nobles. Algo así como nuestra Edad Media. En el año 365 a.C. el rey Pérdidas III compró la paz con los beocios, dirigidos por Tebas, entregando a su hermano Filipo como rehén. Filipo estuvo en Tebas durante su adolescencia y fue instruido por los generales Pelópidas y Epaminondas, vencedor en Leuctra seis años antes.

Tras escapar de Tebas, el joven Filipo subió al trono de Macedonia y se dedicó a llevarse bien con todo el mundo para asegurarse la paz mientras reconstruía su ejército. Reunificó el reino y comenzó una política expansionista dentro de la propia Grecia. Sus planes de invadir Persia se vieron truncados por su asesinato en el 336 a.C., recayendo sobre su hijo Alejandro (sí, sí; Alejandro Magno).


Los ejércitos macedonios tuvieron grandes diferencias respecto a los anteriores, principalmente por el auge de la caballería, que el propio Alejandro lideraría frecuentemente. La caballería se convirtió en la unidad eminentemente ofensiva del ejército, pero la falange mantuvo un papel crucial. La técnica macedonia consistía en fijar el centro del ejército enemigo con su falange mientras la caballería atacaba por el flanco, derrotaba a la caballería enemiga y se lanzaba a por la infantería en lo que ha pasado a conocerse como la táctica del yunque y el martillo. Y menudos mazazos daban.


En cuanto a la falange en particular, los macedonios la dotaron de más profundidad, pero también evolucionó su lanza. La sarissa llegó a alcanzar los siete metros de longitud, permitiendo que varias de las primeras filas entraran en combate, pasando sus lanzas por encima de los hombros de sus compañeros (si a alguno le gustan los Tercios, le sonará). La primera fila blandía la lanza en horizontal y las siguientes aumentaban cada vez un poco más el ángulo hasta que las lanzas iban completamente en vertical. Se supone que esta disposición similar a las púas de un puercoespín les protegería contra las flechas enemigas. La sarissa era tan larga tenía que ser blandida con ambas manos, por lo que el escudo evolucionó a un modelo más pequeño que se colgaba del hombro.


Las maniobras también fueron más complejas, incluyendo fintas e incluso retiradas tácticas.


La falange en batalla


1. Maratón

La batalla de Maratón (490 a.C.) enfrentó a Atenas con el ejército persa (después de que los espartanos ganaran tiempo en Termópilas). Siguiendo las tácticas de la falange original, los atenienses apoyaron sus flancos en el terreno, las dos colinas que rodeaban la playa, para evitar ser envueltos por la caballería de Darío.

taringa.net

Las alas de ejército griego eran más profundas por lo que, protegidas de la caballería por las colinas, arroyaron a la infantería persa, conformada principalmente por arqueros. Mientras, el centro persa derrotó al centro ateniense pero, tras el envolvimiento, el ejército persa entró en pánico y huyó de vuelta a sus barcos. Se estima que los persas perdieron unos 6.400 hombres mientras que del lado griego solo cayeron 192 hoplitas.


Se ve claramente que se descartaba el uso de la caballería y las armas arrojadizas. También queda patente que un ejército de hoplitas, empleado correctamente, podía derrotar a ejércitos de otro tipo, aunque fueran mucho más numerosos.


2. Leuctra

La batalla de Leuctra (371 a.C.), en el marco de la guerra del Peloponeso, enfrentó a la hegemónica Esparta con Tebas. La falange espartana, que apareció en Leuctra con 10.000 hombres, llevaba años dominando Grecia, pero el general Epaminondas con sus 7.000 tebanos le asestó una sonada derrota.


Como hemos visto antes, Epaminondas concentró en su ala izquierda a sus mejores tropas y le dio a este flanco mucha más profundidad, además de protegerlo con caballería e infantería ligera. El flanco derecho lo colocó en escalón. En el flanco izquierdo tebano formó el batallón sagrado, 150 parejas de amantes (varones, no se conoce que combatieran mujeres en esta época) de la nobleza que conformaban la élite de su ejército. La formación oblicua tebana arrolló a la falange espartana, matando a su rey e infligiéndoles una derrota que les daría el dominio de Grecia durante unos años, hasta la aparición de Filipo II de Macedonia.


3. Queronea

En Queronea (338 a.C.) se enfrentaron las fuerzas de Filipo II contra una alianza liderada por Atenas y Tebas. Filipo formaba en el ala derecha de su ejército mientras su hijo Alejandro mandaba la caballería en el ala izquierda. Como era habitual, los flancos se apoyaron en el terreno, en concreto en el monte Turio y el río Cephisos.


La falange macedonia ejecutó una retirada controlada, buscando un terreno favorable. Los atenienses, pensando que están ganando la batalla, les siguieron, relajando su formación en el avance. Al llegar a un terreno con la pendiente a favor, los macedonios cargaron y, al quebrar la línea, Alejandro aprovechó para penetrar y destrozarla con la caballería.


Esta fue una de las primeras ocasiones en las que se empleó la táctica del yunque y el martillo, con la caballería comandada por Alejandro rompiendo una formación de infantería fijada por su propia falange.



Pues hasta aquí el desarrollo de la falange. Espero que os haya gustado.


¡Un saludo, dotación!


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Bibliografía

  • Cuervo Álvarez, Benedicto (2017). Alejandro Magno y la civilización helenística, La razón histórica: Revista hispanoamericana de Historia de las Ideas, ISSN 1989-2659, Número 35, Año 2017, páginas 113-157.

  • Echeverría Rey, Fernando (2005). El hoplita y la naturaleza de lo «hoplítico»: un caso de terminología militar de la Grecia clásica, Ediciones Universidad de Salamanca, Stud, hist., Hª antig. 23, pp. 75-93.

  • Echeverría Rey, Fernando (2008). Los prómachoi homéricos y la formación cerrada en la épica griega, Herakleion, 1, 2008, pp. 41-67.

  • Echeverría Rey, Fernando (2017). Guerra y Civilización. La historiografía reciente sobre la guerra griega antigua, en Memoria del Conflicto en la Antigüedad, B. Antela & J. Vidal & C. Sierra eds., Pórtico, pp. 91-113.

  • Prieto González, Isabel. La falange griega, dearqueologia.com

  • Roberto Gutiérrez, Kevin (2012). El hoplita griego y la guerra en la Grecia Antigua, Universidad Nacional de Colombia, Facultad de Ciencias Humanas, Maestría en Historia, Bogotá D.C..

  • Roldán Hervás, José Manuel. El arte de la guerra en la Grecia antigua, academia.edu.

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