© 2020 de Federico Supervielle Bergés

  • Blanco Icono de Instagram
  • Twitter Clean
  • Fede Supervielle

Cómo preparar tu novela para que tenga gancho: la investigación y los personajes

Actualizado: ene 25

En la primera entrada de esta serie tratamos cómo enfrentarnos a los primeros pasos que tenemos que dar para escribir nuestra novela y presentamos el programa que nos ayudará a hacerlo.


Aquí vamos a dar el siguiente paso:


La investigación

—Ufff. Qué rollo.


Pues vete a jugar a la Play. Si quieres escribir un libro, te va a tocar investigar.


—Yo es que escribo novela fantástica; me lo voy inventando sobre la marcha.


Pues acabarás, con suerte, como yo con mi primer libro. Peleándote años y años. Eso si consigues sacarlo adelante. Si no has investigado (vale, inventado, pero es lo mismo) de ante mano cómo es tu raza de superhombres o minihormigas, qué idioma hablan, quiénes son sus enemigos, dónde viven y una infinidad de cosas más, te vas a atascar.


Te lo aseguro.


Como os he dicho arriba, esto depende de lo que escribas. En mi caso, como me dedico (de verdad, no la afición-adicción esta de escribir) a los barcos de guerra, la investigación que hago para mis libros puede ser más somera. Aunque ya os adelanto que para el tercero, que se sale del tema de la piratería, tuve que estudiar bastante. Y para lo siguiente que tengo entre manos ya ni os digo…


El caso, que quizás puedas hacer antes el siguiente paso y luego investigar. O, quizás, mejor que investigues primero, porque sino te vas a meter en un berenjenal del que luego no va a haber quien te saque, cuando resulte que el príncipe prusiano que quieres hacer que se enamore de tu duquesa danesa dicen los libros de historia que le iban más los «amigos» que las «amigas». No sé si me entiendes.


Así que, si te estás metiendo en algún tema complejo, investiga en profundidad primero. Y más aun si te atreves con la novela histórica. Y ya sé que no hace falta que le explique a nadie de donde sacar información.

¿Qué? ¿Aún sigue ese extraterrestre por ahí?



Empezamos

—¡¿Empezando?! ¿Aún?


Pues sí. Recuerda que ibas a escribir un libro, no a asesinar zombis en la consola.


Es el momento de desempolvar el Scrivener (el programa mágico que vimos en la primera entrada). Ya tienes tus sucias notas reunidas en un montoncito, pidiéndote a gritos que las pases a limpio y las ordenes. ¿No? ¿Solo me pasa a mí? Es lo que tiene ser un maniático. El proceso de planeamiento del tercer libro de la saga de El Albatros me llevó escasamente diez días, pero fueron diez días en los que los cuatro folios doblados me quemaban en los bolsillos.


Como iba diciendo… sacamos a relucir nuestro flamante Scrivener. Si ya os habéis leído los artículos de Ana Katzen y habéis hecho el tutorial, ya sabéis utilizarlo, así que empezar a crear fichas de personajes y de escenas.


—¡Espera, Fede! ¿Fichas de personajes?


Vale. Rebobinemos.


Si has ido cotilleando los enlaces que puse en la primera entrada, sobre todo los de cómo planificar una novela de Ana Katzen, habrás visto que se habla mucho de personajes. ¿Por qué será? Bueno, pues porque son la esencia de toda novela. Hogwarts no sería nada sin Harry, Ron y Hermione. La CIA no sería nada sin Jack Ryan. La Surprise no sería nada sin Jack y Stephen.



Personajes

Sobre cómo desarrollar personajes hay infinidad de cosas escritas, y todas muy buenas: Ana Katzen, Literautas, Teo Palacios o Nerea Nieto. Casi con seguridad —como hemos dicho, son la esencia de cualquier historia—, en tu tormenta de ideas ya habrán aparecido. ¿Un joven marino gaditano al mando de un barco de guerra privado? No vale. Ese ya está cogido. Pero protagonistas hay casi tantos como libros. Lo bueno de Scrivener es que trae, de serie, unas magníficas fichas de personajes que te obligan a desarrollarlos en condiciones antes de empezar a escribir. O, al menos, a ir anotando las cosas más importantes que se te ocurren a medida que escribes. Así, en la próxima escena en la que aparezca la madre de la novia del prota, no tendrás que buscar en todo el texto para confirmar que la verruga la tenía en el lado izquierdo de la nariz y no en el derecho.


Ficha de personaje del «prota» de mis novelas en Scrivener.

Uno de los apartados de cualquier ficha de personaje —no tienes que usar la de Scrivener, pero yo te recomiendo que modifiques sobre la que trae de serie, que es bastante buena— es la de personalidad. Para mí, este fue uno de los grandes quebraderos de cabeza. ¿Cómo evitar que todos los personajes parecieran iguales? Que no fueran planos. Pues, una vez más, vino Ana Katzen a mi rescate. En su artículo Cómo evitar una Mary Sue, Ana recomienda el método Myers Briggs. Teo Palacios también habla de cómo evitar una Mary Sue o un Gary Stu.


Este método de la psicología toma cuatro variables con dos posibles opciones, dando lugar (vivan las matemáticas) a dieciséis combinaciones. Las posibilidades son: Extrovertido (E) – Introvertido (I); Sensorial (S) – iNtuitivo (N); Racional (T) – Emocional (F); Calificador (J) – Perceptivo (P). Las dieciséis variantes se pueden describir en un pequeño párrafo o en un texto algo más largo pero la clave es la siguiente: una vez que tengas una idea de cómo quieres que sea tu personaje, lee las dieciséis posibilidades. En alguna/s, tu mente hará «click». ¡Este es Boco, el panadero que termina matando a su hermana! Elige su personalidad y pégala en tu ficha de personaje. Ahora, cada vez que tu personaje tenga que tomar una decisión, podrás ponerte en su piel porque ya sabes cómo es. Así evitas que haga cosas incongruentes, como que un cobarde salga corriendo bajo una lluvia de balas para salvar a la doncella en apuros.



La clasificación Myers Briggs también puede ser divertida para aplicártela a ti mismo o a tus amigos. O para reconocer a tus personajes favoritos en esa novela que te has leído veinte veces. Yo creo que soy ISTJ, ¿y tú?


Completa las fichas de los personajes principales. Cuanto menos importante sea el personaje, menos tendrás que rellenar, pero cuanto más rellenes, mejor. La ficha de mi «prota» tienes más de 1.500 palabras. No todo lo que sale en la ficha tiene luego que aparecer en el libro; simplemente se trata de una ayuda para que construyas, no a un personaje, sino a una persona —vale, persona ficticia— para protagonizar tu novela. Cuanto más desarrolles la ficha, más real será tu personaje y, aunque luego esos detalles no los plasmes en la novela, créeme que se notará.


Descripciones

Quizás estés empezando a pensar en cómo trasladar todo esto a la novela, pero no te estreses. Eso ya llegará. Como adelanto, olvídate de la descripción tipo: «alto, ojos azules, pelo marrón, gafas y nariz grande». Hay cosas que generan una imagen mucho más nítida de tu personaje: olores, gestos, tics. Y no hace falta decirlo todo del tirón. Menciona ese sombrero de fieltro y habla un poco de lo que pasa por delante suya o lo que piensa. Di que le colgaba un pitillo de los labios y cuenta cómo se le acerca una bella mujer. Aprovecha que tiene que sacar el mechero para hablar de su gabardina. Una vez más, Katzen y Literautas salen en nuestra ayuda sobre cómo describir personajes y cómo darlos a conocer.


Senda del héroe

Dos elementos cruciales de los personajes son el arco dramático y la senda del héroe (Literautas otra vez, o también «el viaje del héroe» de Teo Palacios). Tu prota no puede acabar la novela como la empezó. Tiene que pasarle algo. No solo lo que pasa en la historia, sino que esa historia tiene que cambiarle por dentro. Si no lo hace, la historia no es lo suficientemente buena. Lo siento.


¿Más dudas sobre personajes? Nombres, personajes secundarios, función de cada personaje,… Ahí fuera hay de todo. Asegúrate de aprovecharlo.


¿Lo tienes claro? ¿No? Yo tampoco. De esto de los personajes nunca se sabe lo suficiente. Pero tampoco podemos atascarnos en este apartado, así que volvamos a nuestra historia.


Trama y escenas

Estábamos en Scrivener. Ya tienes tus fichas de personajes rellenas. Ya has copiado toda la información de tu investigación en la carpeta de «research». Y tienes unas ganas locas de darle forma a esas notas sucias que tienes arrugadas en el bolsillo.


Pues vamos al lío.


Si viste los tutoriales de Scrivener, ya sabes que las escenas también tienen fichas.


—¿Más fichas? ¿Para qué?


Para que luego escribir sea lo más fácil que has hecho.


—Pero es que parece que no vamos a empezar nunca.


Puede. Pero cuando empecemos, vas a disfrutar como un niño de escribir, que es lo que realmente te gusta, ¿no?


Así que vamos. Abre una ficha. Escribe el resumen de la escena. Un párrafo; dos como mucho. Deberías de ser capaz de resumir lo que pasa en tres o cuatro frases. Si no has podido evitar que se te aparezcan las musas y se te ocurra esa frase lapidaria que catapultará a tu libro a lo más alto de las listas de ventas, no pasa nada. Añádela en notas. Pero no te líes. Solo los resúmenes.


Los resúmenes de las fichas deberían de ser lo suficientemente breves como para que se vean así.

En pocos minutos tienes configurados los primeros capítulos. ¡Qué chulada! Estás viendo tu historia aparecer ante tus ojos. ¿A que mola? Solo tienes que ir uniendo esas ideas que tenías apuntadas en sucio. De escena en escena. Y la propia historia te pedirá que metas una escena de enlace aquí o allá. Y la propia historia te irá agrupando las escenas en capítulos. ¿Sabes por qué es tan fácil? Porque ya lo tenías medio pensado. Y ahora que ya tienes las ideas, las fichas de escena salen solas. Y, dentro de poco, el propio texto te saldrá solo. Ya lo verás.


Si habías hecho bien tu tormenta de ideas, esto no deberá de llevarte más de un par de días. Tres o cuatro como mucho. Sobre todo si has desarrollado antes los personajes y has investigado. Y, si te hace falta investigar algo más, te vas a dar cuenta preparando las fichas de las escenas.


Lo bueno de Scrivener es que puedes mover las fichas a tu antojo. ¿Pensabas presentar al malo malísimo aquí pero te has dado cuenta de que a tu historia sin un malo le faltaba gancho? No pasa nada. Mueve la ficha. A mí me pasó en El Albatros y los piratas de Galguduud. El malo no aparecía casi hasta el final, pero me di cuenta de que Pablo necesitaba un enemigo al que enfrentarse —por supuesto, mejor que parezca que el malo va a ganar y que es malo malísimo, pero que requetemalísimo— y modifiqué el orden de algunas escenas.


Y otra gran ventaja de Scrivener es lo fácil que hace combinar tramas y subtramas. ¿Qué es una trama? (lo digo por si sigue el extraterrestre por ahí). Normalmente una novela tiene una historia principal, pero puede tener otras historias secundarias que, en ocasiones, se entremezclan con la principal. O tener dos o más tramas principales. Esto puede ser un quebradero de cabeza en un procesador de texto normal pero nuestro Scrivener devora las combinaciones de tramas como Ron Weasly un buen plato de pollo.


Para muestra un botón: tras mi abominable planeamiento de El Albatros y los piratas de Galguduud y tras descubrir todas esas maravillosas páginas que hemos visto antes, me di cuenta de dos cosas: a mi protagonista le faltaba fondo y a mi historia algo de variedad. Así que tuve que meter una subtrama. Una movida —con mayúsculas— personal a la que Pablo tiene que enfrentarse mientras lucha contra la piratería en Somalia. Si llego a tener que hacer esto en Word, probablemente la novela nunca hubiese visto la luz. Pero en Scrivener fue coser y cantar.


¿Cómo?


Muy fácil. Aprovecha las categorías que Scrivener te deja ponerles a las fichas. Así, en el menú lateral, las fichas te aparecerán por colores según la trama. Por ejemplo, en El corsario del oro negro, yo tenía marcadas en rojo las fichas en las que aparecía el malo, en verde las de la subtrama personal de Pablo (que continúa) y en azul las de los personajes secundarios. Y en la tercera entrega de la saga, tengo en amarillo las escenas de otro personaje que no encaja muy bien en ninguna de las categorías. También puedes darles esa clasificación a las fichas de personajes y así lo tendrás todo bien ordenadito. ISTJ, ¿recuerdas?


Pues ya tienes tu súper esquema interactivo en Scrivener. Y lo mejor es que vas a poder trabajar sobre él y lo vas a ir actualizando a medida que escribes.


—Entonces, ¿puedo empezar ya?


Sí. Ha llegado el momento. En la próxima entrada nos pondremos a escribir. ¡No te la pierdas!


¡Un saludo, dotación!



P.D.: si no quieres perderte más entradas de este tipo (y solo de este tipo, no te bombardearé con otras cosas), pincha aquí.

Entradas relacionadas: