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Cómo planificar tu novela para escribir más rápido; Scrivener

Actualizado: ene 25

Hoy me voy a lanzar con un tema que nada tiene que ver con lo naval y marítimo. Después de unos años escribiendo y con dos novelas publicadas ya a mis espaldas, me he hinchado a investigar sobre cómo mejorar el proceso de escritura y el de promoción. La verdad es que hay un montón de información muy buena ahí fuera. Pero quizás no esté todo lo ordenada que pudiera. Y yo soy muy maniático. Así que hoy estreno este apartado en el que pretendo contarte ABSOLUTAMENTE TODO lo que necesitas saber para escribir y publicar tu novela. Desde cero. Y hasta la última acción de promoción. Y por orden. Ya aviso de que el resultado es largo —el borrador pasa ya las 20.000 palabras, la cuarta parte de muchas novelas—, así que irá dividido en un buen número de entradas de este blog. Pero no te preocupes, las iré actualizando con enlaces para que puedas llegar de un lado a otro fácilmente a medida que las publique.


Valga esto para saciar la simple curiosidad de la mayoría, como explicación somera para alguno que le pueda interesar meterse en este jaleo o, quién sabe, como referencia para los que, como yo, ya hacen sus pinillos en este mundillo. Espero que os resulte de interés; no dudéis en decidme qué pensáis, bueno, malo o regular.


Antes de empezar, quiero dejar clara una cosa: todo lo que aquí aparece no es más que mi opinión personal, fruto de mi experiencia al escribir y publicar El Albatros y los piratas de Galguduud y El corsario del oro negro, escribir la tercera entrega de la saga y hacer la investigación para otro proyecto que tengo entre manos. Puedo estar equivocado en muchas de las cosas que digo. Y puede haber métodos mucho mejores que los míos. Solo os puedo asegurar una cosa: a mí, mi método me funciona.


Antecedentes

Antes de entrar en materia, vamos a ponernos en situación. Por allá por el año 2012, con mis tiernos 22 añitos, se me ocurre escribir un libro. Debió de ser esa chulería torera tan española. ¡Qué atrevido!


Bueno. Pues con toda mi fe, me puse a ello. Tenía una idea, más o menos concisa, de la historia que quería escribir así que abrí un archivo de Word en blanco y me puse a teclear. Pero con la sabiduría que nos da la retrospectiva, aquí tengo que pararme un momento. He dicho que tenía una idea de lo que quería escribir. Si eres de los que te has enfrentado a esto de escribir unas 100.000 palabras, ya te habrás dado cuenta del fallo. Si no, quédate con que ni siquiera sabía cómo terminaba mi historia. Volveremos a esto más adelante.


Pues nada, allí estaba yo, todo ilusión, escribiendo las primeras páginas de la que sería mi obra maestra. Todo un bestseller, seguro. Acabé el primer día y, siguiendo un método que me pareció morrocotudo —me lo habían explicado en una clase preparatoria para mi trabajo de final de carrera—, guardé el archivo con el nombre «AAAAMMDD El Albatros» (año, mes y día). Al día siguiente, abrí el archivo y lo guardé con un nuevo nombre, de tal forma que mantenía el primer archivo con solo lo del primer día y el segundo con las dos cosas. Y así sucesivamente. Al cabo de una semana, tenía siete archivos, ordenados por fecha, cada uno más largo que el anterior. Y ya llevaba escritas unas pocas palabras. ¡Todo marchaba viento en popa!


¿Ves venir el batacazo? ¿No? Pues seguimos.


Durante un tiempo más, las cosas fueron bien. Tampoco os voy a engañar. No escribía todos los días. No había nada que me obligase —a esto también volveré en otra entrada— y por aquel entonces tenía bastante jaleo. Estaba cursando el cuarto año en la Escuela Naval Militar y al poco tiempo de empezar a escribir me embarqué en el buque escuela Juan Sebastián de Elcano para mi crucero de instrucción. Seis meses dando tumbos en un barco de vela enorme, visitando puertos maravillosos y viviendo experiencias que recordaré para toda la vida. Pero no en el mejor entorno para escribir.


Total, que entre una cosa y otra, entre que no sabía exactamente qué iba a pasar en mi historia, que nadie me obligaba a escribir y que tenía otras cosas que hacer, hubo un punto en el que dejé de escribir. Pasaron varios días, luego semanas, quizás incluso meses. Y, de repente, me volví a sentar delante del teclado y…


Batacazo.


Yo quería seguir escribiendo mi historia. Pero tenía un problema. Ni me acordaba de lo que venía a continuación ni de muchas de las cosas que ya había escrito. ¿Cuántos hermanos tenía Pablo? ¿Esther era de Málaga o de Granada? ¿Y el piloto… joven o mayorcete? ¿Al final habían añadido un depósito de combustible al barco?


En fin. Mil cosas. Mil dudas.


Pero aquello no me iba a detener —soy muy cabezón—, así que me puse manos a la obra. Me leí lo que había escrito desde el principio. Y lo hice animado al pensar «qué bien, así además estoy repasando» (quédate con esto que también lo veremos más adelante). Y nada, volví a pensar qué le iba a pasar a mis personajes y seguí escribiendo.


Le di otro buen empujón. Quizás llevase ya unas veinte o treinta mil palabras, que no está mal. Y así estuve otro puñado de días, quizás semanas. Hasta que me volví a bloquear. Quizás me había quedado sin ideas, quizás tenía que investigar antes de poder seguir escribiendo, quizás simplemente mi vida real exigió mi presencia. La cuestión es que volví a dejar mi manuscrito —ordenaescrito, más bien— de lado.


No sé cuanto tiempo pasó esta vez. Pero creo que ya te imaginas qué pasó cuando me volví a sentar delante de ese archivo titulado «AAAAMMDD El Albatros». Y, ¿sabes qué fue lo peor? Que había el doble de cosas que repasar antes de ponerme a escribir otra vez. El doble de cosas a tener en cuenta para no meter la pata. Y la mitad de opciones para continuar con la trama, ya que tenía que respetar lo que había escrito antes.


Creo que no hace falta que te cuente qué pasó la siguiente vez. Ni la siguiente. Baste decir que llegó a pasar más de un año con mi magnífica carpeta de archivos bien ordenados cogiendo polvo informático en el disco duro de mi ordenador (sniff, sniff).


Esta es la historia de cómo pasaron más de cinco años desde que empecé a escribir El Albatros y los piratas de Galguduud hasta que vio la luz. Y ahora te voy a contar cómo, aprendiendo un par de cosillas, conseguí rescatarlo y en menos de un año publiqué El corsario del oro negro. Y tengo casi listo el tercero.


Y se hizo la luz

No te voy a descubrir América. ¿Alguien aquí, si necesita información, no sabe dónde encontrarla? Estoy hablando, por supuesto, de San Google. Si algún extraterrestre no lo conocía, por favor, que alguien se lo explique y luego que me lo mande, que seguro que sacamos unas novelas del espacio ulterior que me hacen famoso en toda la galaxia.


Pues eso, no me preguntes cómo, que no me acuerdo, pero buceando por esa inconmensurable fuente de información que es Internet, descubrí Literautas. Punto de partida.


LITERAUTAS


Iria y su equipo ofrecen muchos servicios para escritores pero, para mí, lo mejor que tienen es el blog, con entradas de todo tipo. Cómo construir personajes, hacer descripciones, la senda del héroe… En fin. Una mina de oro. Y todo gratis. Sí, GRATIS.

(Actualización: Iria ha dejado de lado —temporalmente— Literautas, pero toda la información sigue ahí, no la desaproveches). Entre todo aquello, pinchando un enlace tras otro, llegué a la web de Ana Katzen, también llena de recomendaciones para autores. Otra gran fuente de información, con la que ya me daba cuenta de que había muchas cosas que debería haber hecho antes de empezar el libro.


ANA KATZEN


Pero, a pesar de todo lo que he aprovechado los artículos de Ana sobre cómo escribir, hay uno que, posiblemente, ha permitido que mi carrera como escritor haya comenzado: sus artículos sobre Scrivener.


Scrivener me salvó la vida. Vale, quizás exagero un poco. Digamos que salvó esta faceta de mi vida. Scrivener es el primer programa o servicio de pago al que hago referencia, pero te aseguro que los cincuenta —creo recordar— euros que pagué han sido los mejor invertidos en mi corta carrera de escritor.


SCRIVENER


El artículo de Ana Katzen lo explica mucho mejor que yo, pero te hago un pequeño resumen. Scrivener es un procesador de texto.


—¡Cincuenta euros por un procesador de texto! Para eso sigo usando el Word. O el Open Office.


Vale. Perdón. Scrivener es MUCHO MÁS que un procesador de texto. Scrivener es la herramienta que te va a obligar a escribir tu novela (y cualquier otra cosa; yo lo he usado para artículos de revistas y trabajos de cursos) de forma correcta. Fichas de escenas, personajes y lugares; carpetas por capítulos; contador de palabras total y diario, con aviso cuando alcanzas el objetivo; carpeta de investigación que puedes tener abierta a la vez que escribes; colores para que organices tus fichas; buscador por temas, palabras, códigos, etc.; clasificación de cada escena en “pendiente”, “primer borrador”, “segundo borrador”. Y mucho más.


Pantallazo de Scrivener de mi segunda novela. Si no te gusta en negro, no te preocupes, se puede personalizar.

Pero no solo vale para escribir. Scrivener es genial para revisar y hacer correcciones, porque su sistema hace mucho más fácil encontrar lo que buscas, enlazar las partes de una misma subtrama y mucho más. Y editar. Puedes compilar tu obra de mil formas para sacarla en .docx, .pdf, .epub o el formato que necesite el extraterrestre del Google.


Y ahí no acaba todo. Si el artículo de Ana no te es suficiente, el propio programa viene con un tutorial interno. Es un documento del propio sistema que, mediante enlaces, te va diciendo que hagas cosas para que veas cómo afectan. ¡Una chulada!


Ah. Se me olvidaba. ¿Te acuerdas de esos cincuenta euros? Es un solo pago y para toda la vida. Con soporte incluido. Yo lo tenido que probar y son súper agradables y muy eficientes. ¡Una maravilla!


En resumen, si vas a escribir, no lo dudes: Scrivener. Yo me lo plantearía hasta para trabajos de final de grado o máster (el mío lo hice ahí) y, desde luego, para tesis doctorales.


Más guías

Pues allí estaba yo, más feliz que Harry tras ganar la copa de Quidditch, pensando que ya sabía todo lo que tenía que saber y tenía todo lo que tenía que tener. Já. ¿Te acuerdas de cuando te dije que en Internet hay muchísima información? Pues la encontré. Y menos mal. Porque hay auténticas joyas por ahí.


Una de las primeras páginas con las que di fue Triunfa con tu libro. Una web especializada en ayudar a autores independientes, orientada principalmente al ebook y a libros de no ficción, pero de la que podemos aprender mucho los que escribimos novelas. Aunque ofrece todo tipo de servicios editoriales y sesiones de coaching, para mí lo mejor de la página que lidera Ana Nieto es su podcast.

Doscientos episodios entrevistando a autores, editores y todo tipo de gente relacionada con el mundo de la autopublicación. No te imaginas lo que he aprendido escuchándolos. Y, además, de lo mejor que tienen es que te dan a conocer a otra gente, con otros métodos, de la que también puedes aprender mucho. E incluso a nuevos autores. Yo, por ejemplo, descubrí a Fernando Gamboa, autor de novelas de aventuras de tremendo éxito en Amazon, entre las que se encuentra la saga del capitán Riley, también ambientada en el ámbito marítimo.


TRIUNFA CON TU LIBRO


Saltando de enlace en enlace, de página en página, llegué a descubrir otras como Diario de una escritora, de Nerea Nieto; Escritores de hoy; Ebook Hermanos, página que me encanta (soberbia su guía para escribir loglines. ¡¿Qué?! ¿No sabes lo que es? Pues ya estás tardando; no te pierdas las siguientes entradas); Gabriella Literaria; o Escuela de Escritura Creativa.


¿Por dónde empiezo?

Me desvío. Todo lo que aprendes en todas estas páginas hay que plasmarlo de alguna manera. Un buen punto de partida es la serie de entradas de Ana Katzen sobre cómo planificar tu novela.


Casi todo suele empezar por una idea. Las primeras partes del proceso son, para mí, las más libres. Cada uno lo hacemos de una forma muy distinta. Eso sí. Es FUNDAMENTAL que lleves siempre algo encima para apuntar. ¿Qué? ¿Que es un rollo? Pero si ya lo tienes: apunta en tu móvil si no tienes otra cosa. Luego ya lo pasarás a limpio, al ordenador, a tu agenda o al pergamino ese que guardas junto a la varita de sauce y la capa de invisibilidad. ¡Pero anótalo! Ya borrarás si no te interesa. Aunque yo muy rara vez he desaprovechado una nota.


Pero me voy por las ramas, como siempre. Apunta todo lo que se te ocurra espontáneamente. Pero, en algún momento, tienes que hacer una de esas famosas tormentas de ideas. Siéntate delante de un trozo de papel y apunta todo lo que se te ocurra. Todo. Sin orden. En sucio. Todo revuelto. Chorradas. Da igual; apunta.


Cuando acabes, recuéstate en el respaldo y contempla tu obra. ¿Que parece un burruño sin sentido? Pues ahí está tu novela. De verdad.


El siguiente paso es darle un poco de orden a todo eso que has escrito. Agruparlo por bloques (no pienses en capítulos y escenas todavía, solo en ideas). Al principio pasa esto, luego esto otro desencadena todo este jaleo y el jaleo se resuelve así. Vamos, la introducción, cuerpo y conclusiones de las redacciones de inglés de toda la vida. Al final va a resultar que lo que decía la pesada de la profe valía para algo.


¿Ya tienes tus bloques? A lo mejor tienes más de tres, no pasa nada. Pero aún no deberías haber dividido mucho la trama. Bien, ahora pueden darse dos casos. Depende mucho de lo que estés escribiendo y de lo que sepas del tema. Si escribes novela histórica, quizás tengas que hacerlo ya; si escribes algo que has vivido de cerca, como yo, quizás el siguiente paso lo puedas dejar para más adelante.


Pero, en cualquier caso, es bastante por hoy. Dentro de nada tendrás la nueva entrada, continuando con ABSOLUTAMENTE TODO lo que necesitas saber para escribir y publicar tu libro.


Recuerda: a escribir se aprende escribiendo.


¡Un saludo, dotación!



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